domingo, 29 de junio de 2014

GUSTAVO FONTAN - RETROSPECTIVA

Amigos:

El jueves se estrena El rostro en el Malba.

Junto con ello se hará una retospectiva. Acá van días y horarios.

Ojalá nos acompañen. Gracias.

Gustavo

domingo, 8 de junio de 2014

El rostro - Críticas




“Gustavo Fontán continúa con su exploración casi abstracta de la materia objetual y humana en El rostro.” 
Horacio Bernades, Página 12

“El cine de poesía de Fontán alcanza aquí su máximo refinamiento: la presencia subjetiva de la cámara es absoluta, pero ya no es ni mecánicamente objetiva ni poéticamente subjetiva. Es la invención de una mirada, un plano del que todavía no tenemos nombre.” 
Roger Koza, Catálogo de FICUNAM 2014

“Se tiene la sensación de que Fontán ha conseguido algo muy raro de verdad: una película que se interroga con énfasis por la naturaleza de lo que ve pero no pide disculpas por no tener una respuesta de ocasión. En el cine de Fontán solo parece existir la incertidumbre, como búsqueda estética y programa ético. Las imágenes incluso parecen mirarnos mientras nos preguntamos quiénes somos.” 
David Obarrio, Cinemaram 

“Fontán es un verdadero artesano y poeta del cine y, para esta nueva y siempre melancólica apuesta, trabaja el blanco y negro en diferentes formatos de registro (desde el Súper 8 hasta el 16m), sin diálogos y con un sonido asincrónico que generan extrañas sensaciones a la hora de explorar el pasado y el presente de unos personajes y de su lugar en el mundo.” 
Diego Batlle, Otroscines 

“A partir de acciones cotidianas relativamente intrascendentes se crea, casi, la historia de un lugar en diferentes momentos, como las historias de fantasmas que conviven en el pasado, el presente y, ¿quién sabe?, acaso también el futuro.” 
Diego Lerer, Micropsia 

“No es una novedad que Gustavo Fontán es, sin duda, uno de los mejores del cine argentino en la última década. El Rostro es una muestra de su notable mirada del mundo y no alcanza el poco espacio que aquí se le puede dar para hablar de ella. Sólo decir que la realidad no se ve igual cuando es Fontán quien la filma” 
Juan Pablo Cinelli, Tiempo Argentino 

"El rostro, último trabajo de Gustavo Fontán, continúa con una saga personalísima que no tiene paralelos a la vista dentro del cine argentino. En este caso, recurriendo a diversos soportes  se adentra en las vivencias de un hombre que desarrolla su vida en las orillas del río Paraná, a partir de su relación con otras personas y con la Naturaleza. El film no tiene diálogos, pero el trabajo con el sonido es uno de los más extraordinarios que se hayan realizado en la historia del cine nacional." 
Jorge García, Otroscines 

“Hay un mundo primordial, un tiempo fuera del tiempo donde los hombres conviven con los peces y con la frondosa vegetación como partes de un mismo Todo; donde morir es parte de vivir y se come lo que se atrapa. A ese mundo ancestral, pero al que sus rasgos externos –identitarios- vuelven muy cercano, nos invita Fontán, quien confirma tener esa especie de sabiduría antigua que nos adentra en la esencia misma de la belleza.” 
Guido Segal, Sin aliento 

“Fontán ha explicado alguna vez que su cine se propone poner de manifiesto un registro crudo de su encuentro con el mundo. Su crudeza no tiene que ver con la reproducción mimética de la realidad, sino con la conciencia de que el cine puede tener la capacidad de reutilizar esos fragmentos en beneficio de una visión poética. Eso es lo que El rostro parece proponerse.” 
Alejandro Lingenti, La Nación 

“Desde la pura materialidad visual, sonora y táctil, El rostro abre un espacio para que el Paraná respire y extienda su propia temporalidad: un tiempo no lineal y fluido, donde el presente de la experiencia se funde con el recuerdo y la anticipación.” 
Irene Depetris Chauvin, Informeescaleno 

“Fontán propone pensar en tanto unidad el pasado y presente, lo vital, el deseo, la familia y lo comunitario y la relación del hombre y la naturaleza. Y en medio de esa compleja construcción de la Idea unificadora, la condición social del hombre del río.” 
Daniel Cholakian, Fancinema 

¿Qué rostro es ese rostro que da título al filme? Es imposible no leer allí la puesta en escena de la rostridad como una potencialidad, una virtualidad que se desmarca del primer plano y se extiende más allá de aquello que significa comúnmente el rostro, como propuso Deleuze. Una afección que provoca el afecto y posibilita una manera de mostrar aquello que ya no está.” 
Javier Luzi, Cineramaplus

domingo, 11 de mayo de 2014

Acerca de “El rostro”, película de Gustavo FONTÁN, estrenada en el BAFICI 2014.


1-  Salíamos silenciosas, Mariana y yo, del cine donde acabábamos de ver “El rostro”, de Gustavo Fontán. Caminábamos hacia la salida, sin haber logrado articular ninguna palabra, cuando una mujer que parecía una irlandesa pecosa, con una mochila juvenil a la espalda, se nos aproxima y nos dice: - Disculpen, ¿puedo preguntarles algo?
-Sí- le respondimos al unísono, más para dejar de evitar el silencio que por genuino interés. - Yo lo sigo a Fontán en todas sus películas. Me encanta, me encanta. Una vez logré hablar con él. Pero esta película, no sé, ¿a ustedes les gustó?
- Bueno, no podría decir que me gustó -respondí; y éramos como tres mujeres al borde de un río, vacilantes, desconcertadas.-.
 “Gustar” no es la palabra, coincidimos. Hablamos del ritmo causado entre imágenes y sonido ambiental, de la ausencia absoluta de diálogo, de texturas, sensorialidad y disrruptivas relaciones de causa y efecto. Hablamos de su espacio-tiempo inmaduro o demasiado cercano al origen o preñado de su propia prematurez  y del alerta que significaba entrar en la dimensión de inminencia en que la película anclaba. 

2- Dos semanas después de “El rostro”, comienzo a leer “Los desarzonados”, de Pascal Quignard.   (“Desarzonar”, según el diccionario de la RAE, significa “hacer violentamente que el jinete salga de la silla”. “Désarçonner”, en sentido figurado, también se usa familiarmente en francés con el significado de “confundir, desconcertar”. Nota del traductor).
“Todo espectáculo (toda vida) - dice Quignard-se funda en las dos escenas que faltan (la escena que le falta al que nace de ella y la escena que le va a faltar al que desaparece de ella)”.  Y agrega: “La vida no conoce el “texto original” de la muerte. Ignora el ‘texto definitivo’ en que se vierte.”
Habría, pues, según lo antedicho, dos escenas que faltan en el texto de nuestra vida, la imagen (faltante) del origen y la imagen (faltante) del fin. Entre una y otra, estaría el ensayo perpetuo de vivir durante el cual, “hay que volver a pasar por la situación sin antecedentes” (la escena del fin de la que nunca tendremos experiencia).

3- A la luz de la lectura del libro de Quignard,  “El rostro” se me aparece justamente como aquel espacio-tiempo del ensayo de la vida, donde lo que se muestra en el film es la re-incidencia de la falta en las escenas del origen y del fin, escenas cruciales que a los vivientes hablantes nos estarán para siempre vedadas. Y en ese reincidir continuo donde la vida de cada uno coincide violentamente o se aparta (violentamente) de la vida de los otros, adviene la amalgama de rostros que retornan para ser olvidados y retomados y otra vez perdidos, “más allá del tiempo, más allá de los lugares, más allá de la vida de los vivos, más allá de la muerte de los muertos” -escribe Quignard-. “El rostro”, ese agalma, (*) va encarnando cada vez en rasgos completamente nuevos; rasgos capaces de convocar tanto el dolor como la alegría o el horror; rasgos que sólo podríamos llegar a asir en las arenas movedizas del deseo.

4- “El rostro”, la película, es  hoy para mí, la audaz y casi inconcebible  representación del espacio -tiempo del ser, esa bruma que cierne sobre nosotros la dimensión de una lengua verdadera cuya palabra nos toca pronunciar en lo íntimo a cada uno de  los espectadores, aquéllos que, estando aún con vida, hemos de pasar por el nacimiento una y otra vez hasta alcanzar lo que por convención (de la vida, de lo relatos) denominamos “fin”.
Privados de la memoria del suceso que provocó nuestro nacimiento y privados asimismo del saber o experiencia de la propia muerte, siempre a merced de nuestra copiosa imaginación, ensayamos el guión personal de nuestra supervivencia.
He  ahí el desafío que esta película nos ofrece: ponernos ante los ojos durante una hora reloj, el relámpago de la vida: “pruebas, impresiones, esbozos, borradores, comienzos manuscritos”, sin principio ni fin.

(*) Agalma (Lacan): Brillo fálico del objeto a, donde lo deseable se define no como fin del deseo sino como causa del deseo.

Alicia Silva Rey
en“Agenda del Sur”, Mayo 2014

jueves, 17 de abril de 2014

Fontán, premiado como director en el Bafici



Gustavo Fontán fue reconocido como “Mejor Director de la Competencia Argentina”, en la decimosexta edición del Festival de Cine de Buenos Aires (BAFICI), en el que compitió con “El Rostro”.

Entre los galardones que se destacan aparece el recibido por Gustavo Fontán, que fue elegido mejor Director de la Competencia Argentina por "El rostro", mientras que "Carta a un padre", de Edgardo Cozarinsky, recibió una Mención Especial del Jurado en la misma sección.

La coproducción entre Argentina, Suecia y Dinamarca "El escarabajo de oro", de Alejo Moguillansky y Fia-StinaSandlund, se alzó con el premio a la Mejor Película de la Competencia Argentina del 16to Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (Bafici), que concluirá hoy sus proyecciones.

Por su parte, "Fifi Howls From Happines", de la iraní Mitra Farahani, se alzó con el lauro a la Mejor Película de la Competencia Internacional. Los premios de esta decimosexta edición del Bafici, que arrancó el pasado 2 de abril, fueron anunciados este mediodía en una conferencia de prensa realizada en el Centro Cultural Recoleta.

En la sección Vanguardia y Género, "Living Stars", de los argentinos Mariano Cohn y Gastón Duprart, recibió una Mencion Especial; y en la Selección Oficial Internacional, el filme "Mauro", del argentino Hernán Roselli, mereció una Mención Especial.

El cineasta banfileño y docente de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ) había explicado a Info Región que el film fue rodado en una isla del Río Paraná al norte de la provincia de Entre Ríos. “Esta situación de riesgo, de inestabilidad del espacio y los pobladores nos permitieron pensar una idea, que es una idea sencilla, y explorarla: Un hombre que regresa a su lugar natal donde ya no hay nada a encontrarse con sus muertos”, contó el director de cine y teatro, cuando “El Rostro” iba a exhibirse en el Festival de Cine de Roma.


Fuente: http://www.inforegion.com.ar/noticia/82966/fontan-premiado-como-director-en-el-bafici
* Nota correspondiente a la publicación del día 13 de Abril de 2014

miércoles, 2 de abril de 2014

Diario de EL ROSTRO (Partes 2da. y 3ra.)


10 de junio de 2012
Dice Juan José Saer: "Existe, tal vez, en alguna parte, un idioma,/  nadie niega, pero habría que desandar,/ salir, si fuera posible, del centro de la noche,/ y empezar de nuevo con otra clase de balbuceo".

Será necesario encontrar las fuerzas.
Me pregunto si el río tendrá un poder reparador, balsámico. Tal vez,  pero no hay tablas de salvación.
En este viaje, El rostro sólo puede ser un balbuceo, visceral y torpe.

11 de junio de 2012
La conciencia del fracaso.
Hay que crear con la conciencia del fracaso.
Hay que filmar El rostro (y todo lo que siga) con la conciencia del fracaso.
Es humano

29 de junio de 2012
Vemos con Mario Bocchicchio los materiales de archivo que ya tenemos. Comentamos dos cosas dos fundamentalmente: la primera, vinculada a la relación cuerpo humano/naturaleza. Hay algo que nos interesa del plano general donde el cuerpo queda señalado como tal, pero sin identidad, sin señas más que la de un cuerpo en un espacio. Hay una tensión entre el ver y no ver, entre el saber y no saber, que lo vuelve misterioso y desata el deseo de ver. En segundo lugar, la acción de ese cuerpo siempre es “cruda”, necesaria: hachar, cocinar, remar, mover las vacas…
Esa noche Mario me escribe: “A veces pienso que "el concepto naturaleza" mató a la naturaleza. ¿Quizás la naturaleza finalmente haga visible el rostro, en el continuo, en una pesca, en un pantano, con los árboles o una fuerte corriente de río o porque pasa el tiempo en nosotros y la sangre nos corre por las venas y afecta al sistema nervioso central o lo que sea de la muerte y la violencia? ¿Quizás es la naturaleza y su "impunidad" la que ilumina?
¡Guarda con los muertos! ¿Ellos aparecen en la naturaleza o con la naturaleza, o en el hombre que llega a la isla o con el hombre que llega a la isla? A mí me gusta más con, mucho más.”

30 de junio de 2012

¡Prestarle atención a la película que empieza a definirse  en la intersección de las ideas y de los primeros materiales!

6 de julio de 2012
Ahora : el vínculo entre los muertos y los vivos no es de distancia salvada por el recuerdo. La relación se expresa como tensión entre distancia y cercanía. Los objetos, las acciones, los olores, la luz, traen al otro, lo presentizan. Pero esa presencia es a su vez una fuga, un agujero. En esas tensiones de aparición/desaparición,  distancia/cercanía, debemos construir el vínculo entre los personajes.
“Algo así -me dice Abel Tortorelli- debe suceder con cada sonido: debe reponer el mundo y debe ocultarlo. Lo que aparece puede desaparecer y volver aparecer, pero siempre queda algo residual, algo que se acumula”.
Recordar: Los pasos del que pasea/ se convierten en lugares. /  Mientras se presenta ante/ el laberinto de los años/ se asoma al pozo de su cuerpo”. (Arnaldo Calveyra)


16 de julio de 2012
Releo las primeras notas: ¿Por qué fiesta triste?
¿Podremos pensar el reencuentro con los muertos desde cierta vitalidad que nos exima de la tristeza?
Se lo pregunto a una amiga y me responde: “Creo que la clave está en pensar que lo único que puede producir el milagro de reencontrarnos con nuestros muertos es nuestro anhelo interior de compartir con ellos la alegría. Nadie quiere volver a ver a los suyos para compartir las tristezas. Si yo pudiera elegir, querría volver a escuchar la risa de mi papá antes que nada y poder contarle las cosas buenas que me pasan. Si no me garantizaran eso, no tendría el menor sentido el encuentro”.
La película debe ser el trayecto hacia la fiesta.
En El árbol y en La casa también hay escenas de fiesta. Sin embargo, la mirada extraña esa celebración y se manifiesta algo del orden de lo siniestro. En El rostro, la fiesta debe ser la expresión de la alegría del reencuentro. Lisa y llanamente.
(Cuidado: pensar en los límites que tiene la mirada entonces).

18 de julio de 2012
¿Puede haber sobre el mundo una mirada más o menos inocente, como si miráramos por primera vez? ¿Puede el plano, en esa inocencia, registrar un perro, un bote, el agua, un cuerpo, un rostro, en una expresión simple, cruda? ¿Estará la alegría en este encuentro sencillo con el mundo?

18 de julio (Por la tarde)
Bote, agua, orilla.
Bote, agua, luz, orilla, espinillo.
Hojarasca, camalotes, agua, bote, perro, ramas, rancho, fuego.
Hombre.

Hay que transformar las astillas del mundo que tenemos a mano en una visión.

18 de julio (Por la noche)
¿Hay algún vínculo entre visión y experiencia?
¿Es indispensable la experiencia para transformar esas astillas en una visión?
La experiencia no es un pensar en el mundo, sino que, en un inicio, es la certeza sensible de un estar en el mundo y de formar parte de algo que nos excede y nos resignifica. Uno sale siempre alterado de la experiencia: hay algo que nos impregna, una duración de lo otro en nosotros, que es siempre el origen de un nuevo conocimiento. La experiencia nos arrebata los ojos fosilizados y nos otorga una mirada enriquecida.
Lo que entiendo, también, es que la experiencia no es necesariamente el contacto con aquello inmensamente lejano; por el contrario es la inmersión en lo contiguo. La revelación que nace en su vientre es, en apariencia, insignificante; no son verdades dogmáticas o grandes paradigmas filosóficos. Lo que vemos es el rostro velado -desvelado en la experiencia- del mundo cotidiano. Vemos en las fisuras de lo familiar, en el hueco de nuestros prejuicios. Por eso, el cine no exige los ojos más allá, sino más acá, más humanos.
Tal vez: sólo la experiencia, inscripta sensiblemente en la película, puede transformar esas astillas del mundo en una visión.

19 de julio de 2012 (en Paraná, por la noche)
Luis me dice que tendríamos que estar a las seis en la orilla y que el sol, en el inicio, estará frente a nosotros y, luego,  en el camino hacia la isla,  a la izquierda de nosotros. Me dice también que mañana no habrá bruma.
Una breve charla telefónica con Gustavo. Un repaso rápido de lo que no tiene que olvidarse: bolso, gorra, abrigo.

20 de julio de 2012
Todavía es de noche cuando llegamos a la orilla. Maldonado nos espera con los botes listos.
Siempre hay algo de inquietud en el arranque. Uno a uno nos saludamos, fraternalmente. Ya no hay palabras, salvo las indispensables.
Más allá, cruzando el río, las islas son todavía manchas oscuras, pero por un rato nada más. Después, serán una línea franca, territorio de sauces pelados y espinillos.
Nos subimos a los botes y nos internamos en el Paraná. No hay bruma. Pero hay un aire limpio de invierno, un silencio único.
Después de un rato, Luis nos avisa: "Ya tenemos la luz".
Estamos en camino.

22 de julio de 2012
La bruma no es un capricho, ni una mera intención estética. La bruma es el hilo sutil entre La orilla que se abisma y El rostro. El deslizamiento de una película a la otra. La esperaremos con paciencia.

24 de agosto de 2012
Llovizna por la mañana. Dos botes se mecen en el agua en un espacio densamente gris. La duración de ese vaivén habla. Durante un buen rato escuchamos lo que nos dice.
Más tarde, desde el río llega Daniel Godoy, un viejo pescador. También nos habla y nos tomamos el tiempo para escucharlo. Recuerda (la palabra es imprecisa, porque hay algo de tiempo vulnerado en su relato) una gran tormenta en el río. Nos cuenta los detalles: desde dónde llegaba el viento, cómo entraba el agua a su canoa,  cómo se hizo de  noche en unos instantes. Se le ensanchan los ojos cuando habla, como si un espejismo trajera de nuevo aquella noche del tornado de San Justo: No sé si me dormí, me daba miedo caerme y que me coman las palometas...me perdí en el tiempo, nos dice.
No hay desesperación en esa historia: hay que adivinar el verdadero significado, el puente que se traza entre las palabras y sus emociones. Porque más tarde dice: Estoy cansado, me dan ganas de subirme a la canoa, con mis cosas, y perderme.
Los ojos vuelven a ensancharse cuando cuenta que tocaba una flauta para que la gente de la isla bailara en la arena en patas. Ríe, vuelve a ser feliz, lo sabemos. Entonces, los ojos ensanchados, repletos de imágenes recuperadas, lloran por primera vez.
Sólo grabamos su voz. Y un par de imágenes mientras achica el agua de su bote.  Respetamos su pudor.

25 de agosto de 2012
Esta mañana el río nos regaló la bruma deseada. El invierno está a punto de marcharse y casi nos resignábamos a la ausencia de bruma. Fue Gustavo S. el primero que señaló una leve columna blanca que empezaba a alzarse del agua mientras nos subíamos a los botes.
En la bruma anduvimos una hora.
El silencio es una condición.
Al llegar a la isla, una enorme felicidad en todos.

Para festejar, Maldonado, nuestro baqueano, cocinó  un enorme patí.  Lo cortan en postas  y lo fríen   en grasa.  Gustavo S., Huerto, Rodrigo, Gustavo H., Luis, Abel, Maldonado y  yo, comimos el  patí con las manos, al sol.

29 de agosto de 2012
Encuentro sencillo con el mundo (eso decía en una nota de julio): hay algo en el fondo de  esas palabras en lo que hay que  pensar.
Hoy diría, tal vez: encuentro sencillo con las cosas.
¿Por qué?
Quizás porque el contacto con las cosas nos salva de una belleza distante, previa, y nos pone ante los destellos intensos, impuros siempre, de la vida.
Eso sí: el contacto con las cosas parece exigir la paciencia de un corazón solitario, el corazón solitario de un grupo.

30 de agosto de 2012
La imagen de El rostro: ¿sombra de qué?
La imagen de El rostro (fundamentalmente la del plano): más cerca del mundo que de la mirada.
En el contacto con las cosas uno puede perderse, es el riesgo siempre. (Me pregunto, una vez más, qué significa para Godoy meter sus cosas en la canoa y perderse).
Tarea del grupo: nos acompañamos para no perdernos.

3 de septiembre de 2012
Escucho  la grabación que hicimos con Godoy: no me acordaba que se había puesto a silbar mientras sacaba agua de su bote. Abel lo grabó.
Escucho su silbido, una y otra vez, y pienso: solo, en el río y  en la isla, debe haber tenido mucho tiempo para escuchar a los pájaros. Su silbido nace de ese contacto, paciente,  sincero.
Ésa es la clase de belleza que nos interesa.

15 de septiembre de 2012
El río, entre las islas, forma  arroyos y cada uno de ellos recibe un nombre. Es muy difícil, para los que vamos de "afuera", reconocerlos; porque mutan, porque se parecen, porque -llevado y dejándose llevar- uno pierde rápidamente las referencias.
Es muy difícil, también, para los que no somos de ahí, leer el río en su hondura concreta: las profundidades (ocultas o apenas sugeridas en la mansedumbre aparente del agua), o  los cruces de corrientes en las entradas y salidas de los arroyos, siempre riesgosas, que exigen una particular dirección del bote, por ejemplo.
No es así para Maldonado, quien nos guía. Hay un saber, más allá de los nombres, que le permite accionar con naturalidad y armar recorridos simples. Esa dimensión del saber, aunque no es formulada, no desaparece: subyace y recoge una historia y una genealogía y se proyecta en el presente y en el futuro.
La persistencia de ese saber en Maldonado  le da la verdadera dimensión a nuestros viajes.
Buscar en estas ideas las claves del montaje.
Todo está ahí.

20 de septiembre de 2012
Ella le dice: Sabía que ibas a venir, ayer soñé con tu padre. En el sueño nos miraba.
Ella no habla. De pronto está junto a él, comen pescado. El saca una posta de patí de la olla y se lo alcanza. El río está detrás. Hay viento, un  murmullo en las ramas casi peladas. En el agua, unas leves oscilaciones plateadas.
Tal vez: se insinúa la primavera.

20 de septiembre (más tarde)
Le pregunto a la mujer de Godoy (ella se asoma a la puerta de la casa, camina con dificultad): ¿Qué piensa cuando su marido se va al río?
Me mira, como si mi pregunta le trajera un fantasma: Sólo pido que vuelva.
Ya no habla. Se mete de nuevo en la casa.
Persiste por unos instantes la forma de su cuerpo en el espacio vacío.
Sus palabras duran, más allá.

2 de octubre de 2012
Reviso la libreta, recupero algunas notas:
Algo así: se precipita la primavera, lenta, invisible (siempre por detrás de la acción del personaje).  Y de pronto, sin darnos cuenta,  estamos en el centro de la fiesta. Luz nueva en los sauces y en los arroyos. Y llegan otros. Y llegan los que no se fueron nunca. Se florecen. Rostros (y música)  para todos los espejos.

No nos olvidamos de los perros. Están ahí, con ellos, con nosotros.
Hay tres ahora, echados en la orilla: dos al sol, uno a la sombra del sauce.
No debemos quedarnos viendo como la luz pasa sobre ellos. No ahora.

Hay una voz.
El viento  la lleva y la trae.
Nos habla de un ahogado que da vueltas en el fondo del río.
Nos habla de una música y un baile en patas, en la arena.
Esa voz: pura intimidad.

No nos olvidamos de los niños.
Ahora hay dos sobre un bote. Mueven sus brazos y señalan algo en el río.
Están lejos. Hablan pero no los escucho.

Ella se aleja.
Ella está acá.
Huerto me mira: espera alguna palabra para conducir a Gustavo entre los sauces.

Todos, todos nosotros: dejarnos florecer.

24 de noviembre 2012
Volvemos a filmar, primavera hacia el verano.
Es importante que la película derive hacia la fiesta.

Le dije a Huerto: “simplemente estás feliz de que esté acá con vos”, confiando en que esto, como estímulo, accionaría en Gustavo. Y creo que funcionó bien. Hicimos pequeñas cosas,  y ella estaba tierna, delicadamente alegre, y Gustavo tuvo matices. Pero es ella, su movimiento, su sonrisa, su acción en el rancho, la que gana en esta parte de la película.
Y también, mientras Gustavo tomaba mate con otro hombre junto al río, le pedí a ella que les contara su muerte, y lo hizo, un pequeño relato simple de cómo había muerto, lo contó sonriendo: “me morí una tarde de primavera, algo me empujaba y yo resistía al  principio, pero después ya no”. Y enseguida caminó hasta el río - ellos la miraban-, se mojó la cara, volvió, se puso junto a Gustavo, y simplemente ya estaban juntos.

25 de noviembre de 2012
Hoy Maldonado nos contó que lo visitó Dios. Celia, su mujer, es epiléptica y dos veces, desde un bote, se cayó "muerta" al río  y la sacaron con las dificultades comprensibles. En otro de esos ataques cayó  al fuego también y tuvo quemaduras importantes. En ese momento, cuenta Maldonado,  lo visitó Dios.
También comenzamos a filmar parte de la secuencia final. Gustavo se marcha. Los que estuvieron con él lo observan marchar. Van llegando, aparecen de la espesura, miran a cámara,  entre los árboles, fugaces, serenos, para despedirse.  Gustavo se sube al bote, empieza a remar. Desde la orilla, lo mira su padre. Gustavo rema, vuelve  al río donde  ya no hay bruma  sino sol y reflejos dorados en el agua. De pronto, Gustavo  se pierde  en los reflejos. Lo vemos y ya no lo vemos más. Queda un  inmenso reflejo dorado que dura, sólo eso
Una tarde para callarnos.
Una tarde para observar el golpeteo de  los pájaros nuevos sobre el aire de la orilla en la que estamos.
Un último azul, intenso, para después.