miércoles, 25 de mayo de 2011

Retrospectiva de Gustavo Fontán

KINO PALAIS
Espacio de Artes Audiovisuales
Palais de Glace - Palacio Nacional de las Artes

Abarcando desde el documental periférico al cine de autor, desde el video de creación al cine experimental, Kino Palais es una ventana abierta al espectador activo.

Programación: Tomás Dotta.

PROGRAMACIÓN DE JUNIO 2011 Entrada libre y gratuita. Por favor consulte los horarios de cada función.


RETROSPECTIVA: GUSTAVO FONTÁN

A través de diversas formas artísticas Gustavo Fontán trabaja en la poética y la ontología del cine. Su obra como cineasta, poeta y dramaturgo circula en un ámbito intermediático. En El árbol se extiende entre la ficción y el documental; en El canto del cisne ensaya sobre poesía y locura, armado de dos condiciones fundantes: espera y paciencia. La soledad, el paso o el peso del tiempo se alivian en la serena contemplación, como también ocurre en El paisaje invisible.
Alguna vez Fontán señaló el impacto que sobre él tuvo cierto propósito de R. W. Fassbinder: no hay que hacer cine sobre las cosas, sino con las cosas. Aunque de un film a otro sus senderos parecen bifurcarse, de pronto convergen de modo tan inesperado como necesario. Si La orilla que se abisma parte del documental hacia esa poiesis de la mirada y la escucha que implica filmar (o presenciar) una película, La Madre postula su bella y delicada vocación ficcional. A su vez, la más reciente Elegía de abril —como El árbol y en camino a la trilogía que completará La casa— opera con los mismos fundamentos espectrales de la imagen y los bordes de la ficción en el cine.

En tiempos afectos a estrépitos diversos es ésta una obra excepcional, inclinada al susurro y de rara consistencia, que requiere el más atento cultivo y cuidado por parte de sus espectadores.

Eduardo A. Russo (especialmente para la retrospectiva de Kino Palais)


Programa I: Trilogía de los poetas

Canto del cisne, 1993-94, Argentina, Dir. Gustavo Fontán, 20 minutos.

Solamente fragmentos, trazos para descubrir la figura del poeta Jacobo Fijman, su obra, sus años de internación en el Hospital Neuropsiquiátrico Borda. Una indagación poética en clave libre de su visión del mundo.

El paisaje invisible, 2001-03, Argentina, Dir. Gustavo Fontán, 30 minutos.

Un viaje a la Quebrada de Humauaca, espacio inherente al poeta Jorge Calvetti, quien en sus últimos momentos de vida evoca, en un viaje inmóvil cargado de imágenes y palabras, “sus nacimientos”, su tierra, su gente, una manera particular de ver el mundo: “sostuve siempre que la realidad reposa en el misterio”. Por la evocación, los espacios y los tiempos se quiebran.

El relato propone un ir y venir constante entre Calvetti y las “imágenes salvadas” en sus recuerdos, entre su humanidad y su visión poética del mundo.

La orilla que se abisma, 2008, Argentina, Dir. Gustavo Fontán, 64 minutos.

Película planteada como un viaje, un recorrido por un río. Como los ríos, como todo viaje, la película tiene meandros, pequeños cauces, desvíos y momentos de descanso. El film es un “diálogo” con la poética del escritor entrerriano Juan L. Ortiz, y parte de algunos interrogantes: ¿Será posible mirar y mirar, y mirar, y llegar hasta el sentido del río más allá del río? ¿Será posible mirar el paisaje hasta descubrir las dimensiones de lo que lo trasciende, es decir, lo abisma?

Viernes 3 de junio, 18:00.
Sábado 4 de junio, 18:00 (Proyección + presentación del realizador).
Domingo 5 de junio, 16:00.


Programa II

El árbol, 2006, Argentina, Dir. Gustavo Fontán, 65 minutos.

Una discusión aparentemente leve y cotidiana trae como premisa uno de los elementos intrínsecos de la filmografía de Fontán: la memoria. Un ensayo magistral sobre el espacio y el tiempo en el que el dispositivo audiovisual está íntegramente emparentado con aquello que cuenta, sin preciosismos ni impostada naturalidad.

Viernes 10 de junio, 18:00.
Sábado 11 de junio, 18:00 (Proyección + presentación del realizador).
Domingo 12 de junio, 16:00.


Programa III

La madre, 2009, Argentina, Dir. Gustavo Fontán, 64 minutos.

Un relato en donde el deseo, la culpa y la responsabilidad encuadran la relación de una madre, su hijo adolescente, la novia del chico y la fantasmagórica figura del padre ausente. Film sintético y austero en el que se vislumbra la necesaria y traumática construcción del yo, el lugar de pertenencia y el concepto de identidad.

Viernes 17 de junio, 18:00.
Sábado 18 de junio, 18:00 (Proyección + presentación del realizador).
Domingo 19 de junio, 16:00.



Programa IV

Elegía de abril, 2010, Argentina, Dir. Gustavo Fontán, 64 minutos.

En su último film, Fontán lleva al extremo la deconstrucción y la fusión de los límites entre ficción y documental. El paso del tiempo vuelve a tomar cuerpo al interior de lo cotidiano, desplegándose en pequeños gestos, en objetos que evocan recuerdos y olvidos.

Viernes 24 de junio, 18:00.
Sábado 25 de junio, 18:00 (Proyección + presentación del realizador).
Domingo 26 de junio, 16:00.

miércoles, 27 de abril de 2011

Premio Konex

Queridos amigos:

Recibí en estos días muchos mensajes y llamados a raíz del Premio Konex.

En principio quiero agradecer a todos y manifestar lo que he dicho siempre: el cine es un hecho grupal y por lo tanto el afecto y las felicitaciones quiero hacerlas extensivas a todos los que me acompañaron durante todos estos años de trabajo.

Un abrazo.

Gustavo

lunes, 18 de abril de 2011

Crónica de un lector de rostros

Por Gustavo Fontán

¿Qué son capaces de decirnos los ojos? ¿Qué emoción pueden transmitir las líneas de la boca? El autor de esta nota, director de cine y, por lo tanto, un profesional de la mirada acostumbrado a observar para ver más allá de lo obvio, intenta una respuesta.


Lo que se lee en un rostro. El tren viene semivacío: el viaje hacia Constitución, en ese horario de la tarde, es a contramano de casi todos los miles de usuarios. El último sol de un día agobiante entra rasante por las ventanillas. Nada, ni las ráfagas de viento que trae el movimiento, ni los ventiladores en el techo, pueden mitigar el calor. Por la disposición de los asientos tengo frente a mí a una mujer que viaja con su bebé en brazos. Por alguna circunstancia, quizás por la forma en la que el sol lo roza, me detengo en su rostro. Tiene unos ojos oscuros que sobresalen en su cara delgada, y aunque los párpados parecen pesarle, los mantiene abiertos. Por momentos baja la mirada hacia su bebé dormido y la deja allí un rato, como si acariciara la cabeza sudada del pequeño, pero casi todo el tiempo tiene la mirada perdida en el afuera. Estoy seguro de que no mira nada en especial, que probablemente no puede dar cuenta de la estación que acabamos de pasar, o de los vagones de carga abandonados en las vías muertas, o de los destellos anaranjados del sol sobre el riachuelo. Estoy seguro de que no mira nada en especial, sino simplemente se entrega al movimiento, y se fuga, ella también, en la fuga de todo. Ella, como su bebé, también tiene unos puntitos de sudor en su frente y en las sienes, unos puntitos que el sol vuelve brillantes, dorados, sobre la piel cobriza. Parece venir de un viaje infinito. En su rostro no es posible dejar de leer su cansancio, sus sacrificios; tal vez, una genealogía de dolores. Ahora vuelve de nuevo su mirada hacia el bebé, como si no tuviera más fuerzas que para esa caricia, y ahí se quedan sus ojos ahora, unos instantes. Hasta que, de pronto, fugaz, imperceptible casi, se le dibuja una sonrisa en los labios que restituye la esperanza, un antes y un después gozoso. La belleza de un rostro, me digo, reside en la capacidad de albergar el misterio. Todo está visible y oculto a la vez en un rostro. Imagino un tiempo (antes o después) en el que saber algo del otro implicaba-implicará, conocer las señales en un rostro.


Una memoria de rostros. Patricia me cuenta que anoche soñó con su padre. Su rostro era joven, no usaba anteojos todavía, me dice. Aunque los dos –ella por supuesto– conocíamos muy bien a ese hombre, muerto ya hace unos años, se empeña en describir los detalles: la piel blanca y lampiña, los ojos juguetones, la sonrisa pícara. En esa descripción minuciosa, entiendo, se juega para ella un montón de otras cosas: su propio rostro –el brillo en su mirada mientras me lo cuenta es insoslayable– lo revela. Ese rostro, el de su padre joven, es un momento robado al tiempo, la llave de un instante único que la contiene niña a ella y joven al padre. Aunque entiendo esto, hay una profunda, profundísima red de implicancias desconocidas por mí, sugeridas apenas, esbozadas en los destellos de luz en los ojos. En el sueño, el padre le dijo: “Ahora que estoy solo vení a visitarme.” Y Patricia cumplió al pie de la letra con el pedido, porque en la evocación opera el reencuentro. Le muestro entonces una foto que llevo siempre conmigo. Mi padre, que no llegaba a los 30 años en el momento de la imagen, me tiene en brazos. Aunque él mira hacia un costado del encuadre, algo en su gesto delata que es consciente de la foto. Yo –no tendría más de dos o tres años– miro fijamente la cámara. No hay espacio que pueda identificar, no hay circunstancia que la imagen relate; sólo estamos mi padre y yo en un tiempo real y mítico. Patricia me pregunta si llevo la foto como amuleto y no sé qué decirle. Tal vez sí, pero no sólo por eso. Me acuerdo entonces de una respuesta del poeta jujeño Jorge Calvetti. “¿Podría elegir un buen recuerdo de cualquier momento de su vida?”, le pregunto. Calvetti se queda en silencio, un buen rato, hundido en sí mismo. De pronto, levanta sus ojos casi ciegos y dice: “El hombre está lleno de triunfos, de derrotas, de miserias, y no puede elegir cuál fue su mejor recuerdo… Y agrega, después de un nuevo silencio: Quizás, la mirada final de mi madre…”


Los rostros representados. Las artes visuales y audiovisuales nos pusieron a menudo frente a los rostros. Muchas pinturas fundan su encanto en la capacidad de capturar y dejar detenido (robado al devenir) un gesto sugerente. Basta revisar los cuadros de Johannes Vermeer, Goya, o Carlos Alonso, por ejemplo. El cine, en su flujo, en su alteración constante de proporciones entre las cosas y el espacio de representación, resguarda el concepto de primer plano para el rostro (cuando lo encuadrado es una pierna o una cacerola, por ejemplo, lo llamamos plano detalle), y entiende que es el plano de mayor intimidad, la posibilidad de adentrarnos poéticamente en las emociones de los personajes. En el primer plano desaparece (a veces del todo y a veces casi todo) el espacio, entendido como parámetro referencial (casa, río, campo, calle…) y toda nuestra atención está sujeta a lo que sucede allí, en esa nueva geografía. Es ahí, y en ningún otro lado, donde debemos ver las señales y trazar nuestras hipótesis. Hay un riesgo; hablo de riesgo no de determinismo: la televisión muchas veces, y el cine a veces, con el abuso sistemático del primer plano, han bastardeado los rostros, transformándolos en una galería de muecas, de gestos impostados, de cáscaras donde no hay para leer más allá de lo que se lee en el primer trazo. Es el señalamiento de la evidencia: ya no hay nada para reponer, otro hizo el trabajo por nosotros. En el fondo, la posición es soberbia y tranquilizadora: Sé todo, sé lo que veo. En este camino, la representación nos aleja de lo real, en tanto nosotros en el mundo, abiertos al mundo, afectándonos por el mundo. El riesgo es que en ese aprendizaje de lo vacuo miremos lo real como cotejo con el modelo (la mueca, la cáscara vacía). Si es así (me lo propongo cada día porque nadie está exento, repito, nadie está exento), tendremos que ser desobedientes y recuperar el asombro. Imagino un tiempo (antes o después) en el que saber algo del otro implicaba-implicará conocer las señales en un rostro. Tal conocimiento por supuesto sólo puede estar ligado al ámbito de la intuición y lo sensible.

Publicado en la edición del diario Tiempo Argentino del 6 de febrero de 2011

sábado, 9 de abril de 2011

Sobre directores jóvenes, el cine y el mundo

Hola, amigos.

Siempre manifesté la convicción de la importancia de un cine plural, de búsquedas múltiples, de debates profundos sobre la relación entre las necesidades del relato y la producción de la película.

Quiero compartir la charla que tuvimos con Hermes Paralluelo, Luján Montes, Martín Sola, Cynthia Gabrenja y Marcelo Scoccia, rica en conceptos, y que fue publicada en Tiempo Argentino, en la edición de hoy, 9 de abril.

Saludos y hasta la próxima.

Gustavo

Seis directores jóvenes y seis miradas sobre el cine y el mundo

Por Gustavo Fontán, para Tiempo Argentino

Cómo conciben el guión cinematográfico, cuál es su estética, qué significa para ellos mirar la realidad a través de una cámara, cuál es su búsqueda. Una entrevista con realizadores que dan a conocer sus primeras películas.


Cada vez que se acerca el Festival de Cine Independiente de Buenos Aires (BAFICI) se renuevan las esperanzas de encontrarnos con una diversidad de de miradas que nos emocionen o nos sorprendan. La inmensa cantidad de películas que conforman la programación otorgan un panorama de un cine nuevo, renovador, que se hace en muchísimos lugares del mundo. Ese mosaico, en general, y cada una de las películas en particular nos obligan a reflexionar sobre estéticas, formas de producción, nuevas tecnologías.

Para hablar de estos temas, y para tratar de entender distintas formas de trabajo, reunimos a un conjunto de directores jóvenes que presentan en el festival su primera o segunda película: Hermes Paralluelo (es catalán pero ha filmado en nuestra Córdoba su película Yatasto), Luján Montes (en representación de los once directores de la película colectiva Teoría de cuerdas), Martín Sola (director de Mensajero) y Cynthia Gabrenja y Marcelo Scoccia (codirectores de Enero).

−¿Cuáles son las características del guión que usaron para rodar sus películas?


Marcelo Scoccia

:−Siendo honestos, no teníamos un guión tradicional. Sí, en cambio, contábamos con un argumento que delineaba las escenas en su totalidad, donde ya había propuestas de luz, sonido y cámara. La historia tiene una estructura clásica, el protagonista lucha tanto por vencer la narcolepsia como por volver a componer. En el guión de Enero habíamos trabajado, en un principio, el desarrollo del personaje a lo largo de la historia y algunas escenas claves. Se podría decir que este guión nació para ser completado en rodaje, estaban puestos los ladrillos iniciales, para poder terminar de construir la escena luego en el set con los actores.

Hermes Paralluelo

: −En Yatasto usamos imágenes para crear imágenes. No sé partir de palabras y conceptos para crear imágenes.

Martín Sola

: −Pensamos el guión como un camino. Para rodar Mensajero teníamos un recorrido por espacios. Sabíamos por ejemplo que la película terminaba en las salinas. Para mí el espacio es central. Dentro de ese espacio hay personas que podríamos llamar de algún modo “personajes”. Pero no hay relaciones de causa-efecto en su recorrido.


Luján Montes

: −En nuestro caso (Teoría de cuerdas) teníamos un guión sonoro: partimos de un disco de música conceptual, Adiós mundo cruel, de Gustavo Esnaola Moro. El disco está separado en partes que llevan nombres de elementos químicos. Respetamos estas divisiones y cada uno de los once directores tomamos algunas de estas partes. Cada uno trabajó con libertad y hay, por lo tanto, diversidad de registros. Alguien trabajó con un viejo VHS y otro director con un material bajado de Youtube, por ejemplo. La única condición que nos habíamos puesto es que teníamos que respetar la duración del tema musical.

−Las películas de cada uno de ustedes cuestionan las formas de producción tradicional. ¿Qué piensan sobre esto?


L. M.:

−Creo que Teoría de cuerdas apunta a “desmitificar” la unicidad de formas de producción y estructura de una obra. Cuestiona desde la conformación del equipo de trabajo hasta la estructura interna de la obra. No hay una, hay múltiples formas de hacer las cosas, de verlas y oírlas. En la película somos once directores: Gabriel González Carreño, Clara Frías, Laura Focarazzo, Luciana Foglio, Eugenia De Rossi, Oscar Maio, Juan Tancredi, Sergio Brauer, Antonio González Mendiondo, Amado Casal y yo. Es una película que se hizo en su devenir: se construyó etapa por etapa, en soledad y en grupo, repleta de rizomas y hallazgos efímeros y mutantes. Cada uno trabajaba en su casa, y cada tanto nos reuníamos para ver lo que hacía el otro y realizarnos sugerencias.


H. P.:

−Pienso que con una cámara y un micrófono uno tiene todo lo necesario para emprender el camino. Los sistemas tradicionales de producción son dependientes de un gran capital financiero y ese mecanismo pesado y lento la mayoría de las veces separa a los realizadores del cine mismo.

Cynthia Gabrenja

: −Las nuevas cámaras de fotos que graban y sistemas de edición más accesibles y prácticos, hacen posible realizar este tipo de producciones de bajo presupuesto con una alta calidad de imagen. Pero se necesita dinero de todas formas. Debería haber vías más accesibles para la realización de películas independientes.

M. Sola

: −Un tema central de la producción para mí está vinculado a la cantidad de tiempo en el sitio de rodaje. Para mí filmar no es sólo el registro sino la experiencia humana. Todo el tiempo que estuvimos rodando, que fue mucho en Mensajero, vivimos con las personas que “actúan” en la película.

−¿Qué vínculo encuentran entre sus películas y sus preocupaciones sobre el mundo?

M. Sola:

−En estos momentos a mí me interesa retratar a la gente que cree en algo. Admiro a las personas que en estos tiempos de pesimismo burgués, donde todo es cuestionado, creen en algo. Por eso intento filmar personas y no personajes. Para nosotros el tema central de Mensajero era el de la fe. Se la puede encontrar en la secuencia de la procesión, pero también en imágenes concretas: en las salinas inundadas cielo y tierra se tocan, se funden.


H. P.:

−Hacer cine es una manera de estar parado en el mundo y, por lo tanto, una manera de ver el mundo. Hacer una película para mí significa explorar cinematográficamente algo. Es decir, explorar una parte del mundo visual y sonoramente. Mis intereses pasan en gran parte por explorar lo que está en la superficie de las cosas y con el cine pretendo eso, nunca tratar de retratar algo que no está en la superficie.

L. M.:

−A nosotros nos interesaba pensar el relato como una multiplicidad de universos coexistentes, que chocan, se unen, se alejan. No había exigencia de tema sino que pensábamos un todo hecho de atracciones y rechazos. Así nos parece que es la realidad.


C. G.:

−Creo que al ser seres sociales toda producción artística está relacionada con nuestro entorno y con nuestras preocupaciones. Nuestras miradas son el reflejo de eso.


M. Scoccia

: −En nuestro film Enero el protagonista teme quedarse dormido todo el tiempo y ese miedo se refleja en su falta de inspiración para seguir componiendo. Nos interesó acercarnos al proceso de inspiración de un pianista a la hora de crear, quisimos retratar cómo influye su vida en cada nota y tempo vivido.

−¿Cómo fue la relación entre estas intenciones, estas búsquedas, y las decisiones estéticas?


H. P.:

−Los tres primeros meses de rodaje de Yatasto fueron de pura deriva. A los tres meses, revisando el material, me di cuenta de lo que estaba filmando. No sabía cuál era el tema de la película ni cómo la debía filmar hasta que no vi una imagen en la que se conjugaban ambos elementos (tema y forma) de tal modo que se diluían y no podía saber dónde empezaba una cosa y dónde terminaba otra. La forma de llegar a eso era tener fe en que las cosas suceden, y suceden siempre y cuando estés en el ángulo apropiado para verlas. Por eso los mayores esfuerzos siempre fueron destinados a encontrar ese ángulo en el cual se logra ver al mundo como una gran coreografía milimétricamente calculada.

C. G.:

−Trabajamos el sofocamiento del protagonista, con una cámara en mano sobre su hombro, generando así la proximidad necesaria para suscitar esa sensación entre el espectador y el personaje. A su vez relatamos el estado de semi somnolencia, a partir de la escucha del personaje, donde en ciertos momentos de la narración los sonidos ambientes se van distorsionado, cuando el protagonista pierde contacto con la realidad. En su interior resuenan recuerdos de partituras fragmentadas y deformadas, en él no existe una melodía que una esas notas. Desde la imagen, buscamos utilizar una veladura azulina que bañe los ambientes como las pieles de los personajes, para darle una sensación de detención en el tiempo, de frío, de quietud.


L. M.:

−Me gusta pensar que cada tema, cada búsqueda, propone una estética diferente. La estética está directamente vinculada a lo que uno quiere explorar y por eso creo que uno no debe encasillarse porque implica ponerse un límite. Y es más interesante el ámbito de la libertad.


M. Sola

:−Hoy me interesa profundizar una búsqueda en la que dos registros, uno documental y uno ficcional, se fusionan. En la imagen, se ve algo que está “puesto”, que está muy pensado, pero se busca que eso se fusione con un conjunto de cosas sobre las que no se tiene ningún control, algo de la luz, algo del azar. Cuando esas dos cosas se funden y conforman una unidad indisoluble, se produce algo incomparable, que me emociona mucho. Quizás algo del orden de lo trascendente

lunes, 7 de marzo de 2011

Cine Club La quimera


Hola, amigos!

El pasado 22 de febrero el Cine Club La Quimera de Córdoba cumplió 30 años.

El 10 de marzo darán inicio a las actividades del año con la proyección de Elegía de abril. Será un honor para mí viajar a presentar la película y festejar los 30.

Al día siguiente, el 11, Elegía de abril se dará en otro cine club, La linterna mágica, de Río Ceballos, y también estaré ahí.

Comparto con ustedes esta nota que publicó el diario Tiempo Argentino, para contarles algo de lo mucho que hace La Quimera.

Un abrazo

Gustavo

Proyectar sueños sobre una pantalla

Por Gustavo Fontán

El 22 de febrero de 1981 nacía en lo que fue el Teatro de los siete, en la esquina de Humberto Primo y Avellaneda de la ciudad de Córdoba, el Cine Club La Quimera.

Juan José Gorasurreta, uno de los fundadores, recuerda así ese momento: “Había muchas ideas y ganas de hacer cosas en nombre del cine, ‘la expresión de los bellos sentimientos’: revisiones, ciclos, conocer autores, escuelas, géneros. Hacer pedagogía.”

Herederos de la tradición de los cineclubes de los ’60 y los ’70, donde el debate era fuente de encuentro y de apertura a nuevas ideas y nuevos sueños, La Quimera comienza las proyecciones en abril de ese mismo año, con un ciclo dedicado al realizador, integrante del Nuevo Cine Alemán, Alexander Kluge: “Nos prestaron una sala del Cine Teatro Córdoba y ese día estuvimos temprano para preparar la función que fue en 16 mm y esperar al público. Las tres películas que había en ese momento en la Argentina de Alexander Kluge, y que nos fueron facilitadas por la Cinemateca del Instituto Göethe de Buenos Aires, eran Anita G (1966), Trabajo ocasional de una esclava (1973) y Ferdinando, el duro (1976), se proyectaron en ese orden.
A pesar del ‘desconocido’ entonces puesto en pantalla, supimos ya quién sería nuestro público: jóvenes, intrépidos en sus máquinas voladoras que siempre nos acompañan”, recuerda Gorasurreta.

En 1981, la dictadura que había asolado al país comenzaba a declinar y la gente que conformaba La Quimera, como muchos en la Argentina, creyeron que era el momento de volver a pensarse grupalmente: “Nos pareció un modo de poner cuñas en la realidad. Después de una masacre muy dolorosa, trágica, era abrir una puerta para darle al cine un papel, una cabida como forma de expresión de los seres humanos, una expresión de todos y de todo el mundo. Nuestros ciclos fueron de cine ruso, japonés, latinoamericano, argentino, español. Por ejemplo, en 1982 exhibimos juntas El acorazado Potemkin, de Einsestein, y Dios y el diablo en la tierra del sol, de Glauber Rocha.”

Desde sus comienzos, La Quimera, como muchos de los cineclubes que hubo y hay todavía en la Argentina, ocupó un lugar de resistencia frente al cine-mercado, donde lo diverso queda anulado como estrategia. Contrastes, confrontaciones, puesta en crisis de los conceptos establecidos, desconfianza en los discursos dominantes, son una actitud frente al conocimiento que tenemos del cine y desde el cine, pero definen fundamentalmente el modo de habitar el mundo y de pensarnos. En relación a esto agrega Gorasurreta: “El cineclubismo debe cumplir una tarea pedagógica, formando conceptos amplios y diversos alrededor de las películas que se hacen en el mundo, e integrar a los seres humanos a esa pantalla para conocernos un poco más, tanto interna como externamente.
Entre 22 y 25 mil films se hacen por año en el mundo y, más allá de sus calidades, pintan aldeas que no conocemos. Siempre debe haber en un cineclubista una actitud generosa, humilde y colectiva que le permita ir corriendo a mostrar a sus pares la película que acaba de ver y lo conmovió, modificándolo. La libertad está lejos de la hipocresía y el cine, también.”

La actividad pedagógica, por lo tanto, no estuvo al margen del desarrollo de La Quimera. El mismo año de su fundación se creó el Taller de Cine Infantil para niños de cinco a 12 años y se dio comienzo a la Escuela de Aprendizaje Cinematográfico dedicada a adolescentes y adultos. Entre los realizadores argentinos que aportaron a la actividad pedagógica del Cine Club, estuvieron Juan Carlos Arch, Rodolfo Hermidas, Marielouise Alemann, Jorge Surraco, Manuel Antín, Ricardo Wullicher, Alejandro Doria, René Mujica, Eva Landeck, Carlos Orgambide, los realizadores alemanes Werner Schroeter y Haro Senf, la actriz Cipe Lincovski y el actor Raúl Brambilla.

Muchas cosas cambiaron en la Argentina y el mundo desde aquel 22 de febrero de 1981 hasta hoy. Desde el avance de las doctrinas neoliberales, pragmáticas, destructoras de sueños y utopías, hasta el vértigo de los cambios tecnológicos, el funcionamiento de la vida en general se vio afectado y mucho. Y los cineclubes no podían estar ajenos a estas transformaciones. Sin embargo, hoy se cumplen 30 años de aquel momento fundacional y hay que decir que La Quimera fue construyendo con paciencia los modos de resistencia y sigue desarrollando una actividad fértil. “Cambiamos de sala muchas veces. Demasiadas, tal vez. O no. Amantes del cine, nosotros tuvimos que aprender a trabajar con la pantalla ancha y el video. La tecnología y sus avances. La crisis visceral de este país y los otros. Vino el tiempo del cólera, con o sin amor. Seguimos trabajando porque la utopía existe. Las ideologías no han muerto. El muro existe entre los humanos”, dice Gorasurreta con convicción.

El presente no puede sostenerse en la nostalgia. A los integrantes de La Quimera, los de antes y los de ahora, tan jóvenes unos y otros, no los mueve la sensación de un tiempo pasado que fue mejor, sino la convicción de que el presente y el futuro deben fundarse en los valores de apertura que han pregonado siempre. Por ello, estos espacios, el de La Quimera y muchos otros, son el resguardo de convicciones transformadoras. Y los jóvenes quieren participar en la construcción de la historia.

sábado, 5 de febrero de 2011

EL LIMONERO REAL

Amigos:

Quiero contarles que acabo de recibir la autorización para adaptar una novela amada, enorme, bellamente dolorosa: EL LIMONERO REAL, de JUAN JOSÉ SAER.

Durante mucho tiempo la vida de estos personajes me rondó, me asedió, y por el inmenso valor de la obra siento una enorme responsabilidad. También, claro, una gran alegría.

Comparto con ustedes la noticia y el fragmento inicial de la novela:

“AMANECE.
Y YA ESTA CON LOS OJOS ABIERTOS.
Parece no escuchar el ladrido de los perros ni el canto agudo y largo de los gallos ni el de los pájaros reunidos en el paraíso del patio delantero que suena interminable y rico, ni los perros de la casa, el Negro y el Chiquito, que recorren el patio inquietos, ronroneando excitados por el alba, respondiendo con ladridos secos a los llamados intermitentes de perros lejanos que vienen desde la otra orilla del río. La voz de los gallos viene de muchas direcciones. Con los ojos abiertos, echado de espaldas, las manos flojas sobre el abdomen, Wenceslao no oye nada salvo el tumulto oscuro del sueño, que se retira de su mente como cuando una nube negra va deslizándose en el cielo y deja ver el círculo brillante de la luna; no oye nada porque cincuenta años de oír en el amanecer la voz de los gallos, de los perros y de los pájaros, la voz de los caballos, no le permiten en el presente escuchar otra cosa que no sea el silencio.”

Dijo alguna vez Juan José Saer: “Escribir es sondear y reunir briznas o astillas de experiencia y de memoria para armar una imagen”.

Trataremos de hacer nuestras estas palabras. También el interrogante que subyace en ellas: ¿cómo acceder a lo real y expresarlo? Con la humildad necesaria, trataremos de haces nuestra la novela: sus personajes y su ámbito, sus sonidos y sus texturas, sus fragilidades y sus cuerpos.

Un abrazo

Gustavo

viernes, 31 de diciembre de 2010

Elegía de abril - Cartas

Queridos amigos:

A pocas horas de terminar el 2010 quiero compartir con ustedes algunas cartas que nos llegaron a raíz de Elegía de abril.


Expreso mis deseos para el año próximo con unos versos de Juan L.Ortiz

"Otro será el paisaje mañana en las mismas líneas puras.


Cantará con un múltiple canto entre las casas próximas con mesas, ah, seguras y con libros y músicas.


Como de la noche de su alma del sueño de los campos el hombre extraerá toda la maravilla.


No más dividido, no, con el hermano, ni consigo mismo, ni con la tierra, el hombre.

Uno consigo mismo y con el mundo para crearse sin fin en la gracia más alta de la criatura, y sonreir al rostro cejante de la sombra"


Felicidades y hasta el año próximo

Gustavo

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Querido Gustavo

Pocas veces agradezco haberme hecho parte de una peli, tener la posibilidad de hacerlo a su director y sinceramente, desde lo más íntimo así fue.
A veces, y ¡qué bueno que así sea! la emoción supera a las observaciones, a las devoluciones, a la palabra.

Elegía, es una película que supera toda palabra y lo más paradójico, lo más particular, es que tratándose de una obra que se vincula con la palabra no logre devolverte más que agradecimientos y felicitaciones.

Ví a un Gustavo Fontán en lo máximo. A un Gustavo comprometido que logra brindarnos una peli en un 100%, desde la madurez, desde lo más óptimo y eso hace que me haya suspendido para conectarme con algo más (como esa especie de "fantasmas" que encontré en la pantalla hacia el desenlace) un "no quiero que termine", una sensación de hipnotismo, de querer permanacer más allá de esa hora.

Hay algo que sobrevive en "Elegía..." algo que se instala, algo que no quiere ni puede borrarse... (una contradicción; el cine es magia, es ese no querer entrar en lógicas ni hipótesis, sin embargo, quise y quiero descifrar tus secretos!) y eso fue lo que me pasó.
A medida que pasoron los días quise saberlo todo (que me cuentes grandes incógnitas,
preguntas que NO DEBERÁN SER NUNCA REVELADAS!)

Una peli que se instala, que nos hace sentir parte, que nos mete y nos sacude... y esa es la gran cuestión. Minuciosa descripción de un estado, de un pasado, de un presente, de un futuro que cada uno imaginará (¿qué serán de esos libros, qué serán de esos "verdaderos" protagonistas, qué será de quienes los han reemplazado...)

Tu hijo es un Adonis; tu mundo más que un mundo que merece seguir siendo explorado, que nos dejes la posibilidad como espectadores de seguir haciéndolo.

Nadie en la sala se movió, todos nos quedamos en una especie de trance (ayudado por ese desenlace o resolución en la que todos quedamos "girando" como tus "personajes") ese salir sin salir, ese quedarse y permanecer.

Gran peli. Gran apuesta, quizás hasta ahora tu mejor apuesta (como cuando depositamos parte de las fichas en un número -parte- porque estoy segura, quedan más fichas por "jugarse")

Beso grande

Vanina Sierra
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Querido Gustavo,

Ya que tengo la posibilidad, que no se me da muy seguido la verdad, me refiero a poder escribirle humildemente al director de una película que me interesa y me queda dando vueltas en la cabeza, voy a abusar de mi suerte y a atreverme a hacerte algunos comentarios acerca de "Elegía de Abril".

Lo que mas me interesa de la película es la reflexión que plantea acerca del cine. ¿Qué es el cine? ¿Qué se necesita para hacer una película? ¿Cuál es la relación entre el cine y la vida? ¿Qué pasa cuando ante un mundo cotidiano se planta una cámara? ¿Qué pasa cuando enfrentás a una mujer cualquiera con una actriz que pretende imitarla?
Con esto no me refiero a lo obvio, a lo que ya esta ahí super claro, como hacen tantos que pasan al lenguaje oral o escrito, abusando de palabras poéticas, que no son mas que metáforas muertas, aquello que ya está dicho cinematográficamente, porque ¿qué ganaríamos con eso?
Sería cómplice de esa especie de paja culturosa, que no se cansa de repetirse y citarse a sí misma, subrayando guiños ya hechos, para poder enaltecer la propia poética de la que carece. Ya me los estoy imaginando: "la película de Fontan trata acerca de los límites cada vez mas borrosos entre la ficción y el documental, el cine dentro del cine" ESO ES OBVIO. Perdón por esta aclaración, pero me da fobia caer en eso, así que voy a hacer el esfuerzo por profundizar un poquito mas, ya que "Elegía" me lo permite.

Desde el inicio, se evidencia la puesta en escena. Parecería decirnos: "Señores, bienvenidos, estamos ante una película, esto significa que hay al menos una cámara (de a poco sabremos que son dos), un equipo que está trabajando para que esto que es una construcción sea posible, una casa, una anécdota-excusa en relación a un libro, 5 actores (3 no-profesionales y 2 ultra-profesionales), una taza, un gato y algo para decir".
El espectador no puede olvidar NUNCA que está en el cine, ni siquiera aunque las luces estén apagadas, ni siquiera aunque se trate de un burguesón que quiso ir a ver una película para hacer la digestión y se esfuerce por olvidarlo, esto no va a ser posible querido mío.
Porque no solo vemos al microfonista mientras graba a la que suponemos protagonista decir: "yo no actúo mas", no solo vemos a los actores ultra profesionales, reconocidos por todos los argentinos por su trayectoria, que van a reemplazar a estos nadies llegar con anteojos oscuros, no solo vemos a Fede con su camarita grabando desde su punto de vista adolescente, no solo te vemos a vos director, padre, sobrino e hijo, sino que vemos la cámara que los persigue a todos!!
Y eso no es fácil de olvidar, ni siquiera para el que se hace el zonzo, porque está puesta la puesta frente a sus narices constantemente, aunque se retuerza en la butaca. Entonces el lugar del espectador es incómodo, está en una brecha entre el adentro/afuera, sin estar en ninguno de los dos lugares.
Un entre, un intermedio que no se sabe bien que es, uno de esos espacios entre la vida-la muerte, el sueño-la vigilia, desde donde espía a los espías, a las copias de las copias, a los reflejos de los reflejos y así hasta el infinito que no se puede abarcar (por suerte). Pero toda esta apertura es a partir de muy pocos elementos, y el tiempo, y el espacio. Entonces me vuelvo a preguntar: ¿Qué es el cine? ¿Qué se necesita para hacer una película?

Y respecto a la relación ficción-realidad: No es que tu mamá no sea actriz ella también, no es que no vivamos todos dentro de una ficción, es que esa mujer tiene algo genuino que aunque le pongas una cámara adelante no se tamiza lo que ella es en-sí sino que se enaltece y lo mismo pasa con el hermano. Eso se ve, en las miradas, en pequeñísimos gestos y en sus formas de moverse. Por más que actúen no están actuando, son.
Y aparecen los actores, y ahí claro, empiezo a desconfiar. Noto su esfuerzo y lo valoro, pero veo su trabajo, porque me mostraron antes el original. Algo se pierde, quiero que vuelvan los "verdaderos". Y ahí está la cámara de nuevo, ah cierto, pero si todos están dentro de una película, nada de todo esto es real. Por suerte desde el montaje los cuidaron a estos actores tan profesionales, porque quedaron muy expuestos, muy como actores que actúan, pero claro ellos también son personas, y la verdad genuina también se les filtra en la comisura, aunque sean hábiles controladores. Así que con espectadores incómodos, actores conocidos expuestos y familiares abiertos de par en par, en que lío te metiste eh.

Una casa que transpira clase media argentina, en la que uno no puede dejar de verse reflejado. Que miedo. La clase media y sus costumbres, y sus silencios, me da terror. Lo que no se dice, la nada, el tiempo, el clima deeenso. El tanguero nostálgico que llevamos dentro, que solo vive de recuerdos arrastrando los pies. Y que tanto mas hay que contar? Sino lo ruin, las miserias, lo espeso, lo que mas conocemos. Al fin alguien que nos habla a nosotros! ¿O nos vamos a seguir haciendo los europeos?

Cuando terminé de ver la película me acordaba de una anécdota que nos contaste en clase. Hasta hiciste un dibujito en el pizarrón, era para explicarnos casualmente algo referente a la puesta en escena. La vecina que los visitaba en ese espacio enrarecido con un mueble en diagonal y levantaba su copa diciendo: "brindo por la muerte del hijo de puta de mi padre". Vos lo contabas mucho mejor. Pero pasaron los años, hiciste una película llamada "Elegía de Abril" y ese universo tan tuyo lo "pasaste" al lenguaje del cine. Y eso es lo que mas valoro: el riesgo y lo genuino que se mantuvo, en contraposición a tanto careta dando vueltas necesitábamos este empujón Fountain!

Pienso que nos facilitás un poco el camino, nos abrís una puerta, nos ayudas a poder expresarnos a aquellos que no queremos la fama, ni la guita, ni los premios, sino simplemente reflejar como sea eso que pensamos, que nos pasa y todavía no sabemos bien como. Porque así nos seguís enseñando que para hacer una película lo único que hace falta es tener algo genuino para decir y que mas allá del cine, y del arte en general, lo que importa es la vida, la muerte y lo indecible.

Me quedo con la mano de una mujer que guarda un pañuelo en la manga de su saco.

Gracias profe!

BRENDA SALAMA
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Hola Gus:

Ayer ví Elegía de abril. ¡Qué momento!

Creo que es la reafirmación de un camino de búsqueda. Difícil recorrido hacia vos mismo. Como siempre esa forma tuya de volcarse hacia adentro y hacia la imagen sin medir los riesgos.
Me pareció una explosión de texturas y colores montada sobre una historia siniestra. Porque la vida es en última instancia ese recorrido hacia la desaparición del afuera, del mundo, de las cosas y seres que nos rodean. Se narra un vacío que el documental transforma en presencia y se narran otros vacíos que alguien habrá de narrar.

Un libro arrumbado por años, un poeta, la terca tarea de un hombre, finalmente sale a la luz en el bolso de Federico. Un gran y pesado silencio se rompe y estalla en tramas de color y recorre escritorios de críticos absortos y un nombre vuelve a circular entre las voces.
Nombrar, hacer de un cuerpo verbo.

El gesto resulta de un gran esfuerzo, un ejercicio de memoria doloroso. No alcanza la ternura que Adriana Aizemberg le impone al personaje, ni las muecas repetidas de Quinteros ante la cámara de Federico para alejar de nosotros el cansancio de la mujer que ya no quiere seguir filmando, o la incongruencia de un tío que no puede sostener dos veces el mismo argumento, la misma razón. Hay entre los hermanos un pacto de silencio y de aceptación que la película viene a romper, como rompe los paquetes de libros.

Carlos siente que pierde algo valioso, su función de custodio del silencio, su gato. La realidad ha cambiado y un polen reseco se esparce sobre el mundo. Esporas que creo desconoce o ha decidido desconocer.

Personas y personajes, ambos reales, se buscan como en una ronda hasta desencontrarse, finalmente. No se sustituyen, son otros. Como otra es la película que la película nos muestra que está filmando Federico con mano temblorosa que avanza imperceptiblemente hacia el gesto firme y decidido. ¿De quién son los recuerdos? ¿A quién pertenece la memoria? En última instancia a quien puede resguardarla sin enmudecer, sin anular su propia voz. Al que puede hablar, decir, filmar.

Una casa como un laberinto donde se guarda el silencio. ¿Las palabras son un monstruo? ¿Una fiera que devora a los jóvenes y los aterroriza con una mirada vacía, con un repique que cuenta las horas que faltan, las que han pasado?

Alguien tuvo la muerte de los Santos. Pero no es cierto que de un sueño pasó a otro sueño. De un sueño pasó a lo que sueñan los otros. Y los sueños son un pasadizo a nuestras más enormes aventuras y también a nuestros terrores más grandes. Y hay quienes sólo sueñan sus miedos.
El sol, la luz, casi nunca o nunca es plena. Aparece velada tras lienzos y tules. Una taza cuenta su historia. Cofres ¿qué guardarán?

Un gato nos une a la vida, a caminos por recorrer, a algo que palpita y recelosamente escapa, abandona, deja atrás.

Una pareja de jóvenes sale del cine en la avenida Rivadavia en la tarde del jueves. El le dice a la chica al pisar la vereda: Otra vez la luz, el ruido.

Desde El Árbol a Elegía de abril la paleta se ensombrece, se ensordina, se adentra y se angustia. Sí, cuesta escapar, Cuesta salir de un estado de tristeza y de un clima en el que la película nos coloca. Se adhiere y uno queda con los ojos tristes para mirar más allá de esa cuatro paredes.

Te quiero mucho

Claudio Pérez

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Hola Gustavo,

a veces me cuesta escribir sobre algo que siento tan cerca de mí. Y la primera impresión que tuve viendo Elegía de abril fue la de la sentir verdaderamente la cercanía de la muerte. Justamente estuve pensando esto en las últimas semanas, luego de que mi madre fue operada.
Deambulé por mi casa mirando objetos y fotos, pensando en los que ya no están, entre ellos mi padre. Me preguntaba cuanto tiempo pasará hasta que tenga que despedirme de ese mundo en el que viví más de 20 años. Y recordé un frase del director polaco Lech Majewski cuando le preguntaron hace unos años en el Festival de Mar del Plata por qué el tema de la muerte está tan presente en sus films. Lech respondió: "yo no entiendo la vida, no entiendo la muerte, no entiendo el tiempo"...

Elegía de abril
comienza como una continuación de El árbol, hasta que tu madre decide no filmar más. Allí el film se quiebra y uno se pregunta cómo va a continuar. La solución me parece magnífica. Es simple y compleja a la vez. Los actores reemplazan a las personas reales dramatizando las situaciones cotidianas. Pero tu madre y su hermano siguen estando allí, espiando, deambulando como fantasmas, a veces expresando incomodidad por la intromisión de la cámaras. Su intimidad se ve asediada por tu presencia y la de tu hijo. Los registros se contaminan, entre lo real y lo imaginario; los objetos se vuelven protagonistas, "hablan", se cargan de sentido. Lo no dicho toma cuerpo de forma sutil, se cuela por los intersticios. La aparición de los libros de tu abuelo saca a la luz recuerdos, sentimientos y también desacuerdos.
Somos concientes del paso del tiempo, de la fragilidad de nuestras vidas. Ante esto, hay una actitud de aceptación en tu madre, hay una actitud de dolor y quizás, de amarga resignación en Carlos.

Como en tus films anteriores, la luz vuelve a ser esencial. Cada reflejo, cada cambio en la intensidad o en su color comunica algo que está más allá de la representación. La luz expresa momentos de gran belleza, pero también nos hace pensar en su brevedad.

En fin, me encantó y me genera expectativa ver el fin de la trilogía.

Un gran abrazo,

Diego Menegazzi

sábado, 4 de diciembre de 2010

Elegía de abril: Nuevos lugares y horarios de exhibición

Amigos:

Les informo los nuevos horarios de Elegía de abril sigue en el Arte Cinema unos días más. Las fechas de función son:

- Sabado 4/ 12 - 15:30 hs
- Domingos 5/ 12 - 17:00 hs
- Martes 7/ 12 - 15:15

Y también esteremos en La Plata y Almirante Brown, los siguientes días:

ESPACIO INCAA KM 60 - 35mm / Digital
Calle 50 entre 6 y 7 – La Plata

- Jueves 2/ 12 - 18 hs y 20 hs
- Viernes 3/ 12 - 18 hs y 20 hs
- Sábado 4/ 12 - 20 hs
- Domingo 5/ 12 - 20 hs
- Martes 7/ 12 - 20 hs
- Miercoles 8/ 12 - 18 hs y 20 hs

ESPACIO INCAA KM 23, Graciela Borges - 35 mm
E. de Burzaco 750 - Almirante Brown


- Jueves 16/ 12 - 18 hs y 20:30 hs
- Viernes 17/ 12 - 18hs y 20:30 hs
- Sábado 18/ 12 - 18 hs y 20:30 hs
- Domingo 19/ 12 - 18 hs y 20:30 hs

jueves, 18 de noviembre de 2010

Elegía de Abril: Nuevos horarios hasta el 1º de diciembre

Amigos:

Les informo los nuevos horarios de Elegía de abril a partir del jueves 18 y hasta el miércoles 1º de diciembre.

Un abrazo.

Gustavo



Arteplex Belgrano
Av. Cabildo 2829 / Tel. 4781-6500 / Belgrano
Todos los dias: 22:20 hs.

Arte Cinema
Salta 1620 / Tel. 4304-8302 / Constitución
Martes, Jueves y Sábado: 15.30 hs.
Miércoles: 20.30 hs.
Domingo: 19.00 hs.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Elegía de Abril: Nuevos horarios

Amigos:

Seguimos en tercera semana con la misma cantidad de funciones (algunos horarios se ajustaron).

Un abrazo!

Gustavo







Horarios desde el jueves 11 hasta el miércoles 17 de noviembre

Arteplex Belgrano
Av. Cabildo 2829 / Tel. 4781-6500 / Belgrano
Todos los dias: 22:15 hs.

Gaumont
Av. Rivadavia 1635 / Tel. 4371-3050 / Centro
Todos los dias: 13:00 – 15:55 – 20:30hs.

Arte Cinema
Salta 1620 / Tel. 4304-8302 / Constitución
Martes, Jueves y Sábados de noviembre: 16:00 hs.
Domingos de Noviembre: 20.30 hs.

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Miguel Frías, Clarín

“Gustavo Fontán elabora cine como si elaborara sueños. Combinando sus sensaciones y su cotidianeidad crea imágenes –leves o marcadas distorsiones de lo real- que, a la vez, generan nuevas y múltiples sensaciones en el que mira (o, mejor dicho, siente) sus películas. Pequeños milagros sensoriales”

Roger Koza, Con los ojos abiertos

“Inclasificable e inestable, Elegía de abril es un film de fantasmas. Lo real se despedaza, pierde su nitidez, y una ontología onírica, quizás suprasensible, desplaza la representación realista de un hogar cotidiano”

Diego Batlle, Otros cines

“Fantasmagórico, bello, climático, lírico, melancólico, íntimo y sensorial ensayo sobre la ausencia y el paso del tiempo, con algo del primer José Luis Guerín, se trata de otro interesante aporte en la persistente, infatigable carrera del realizador, siempre respaldado por su dream-team artístico liderado por el DF Diego Poleri y el sonidista Javier Farina”.

Luciano Monteagudo, Página 12

“Un film que se ocupa de borrar las fronteras entre documental y ficción. Es la mirada, el punto de vista de Fontán el que hace la diferencia, su capacidad para ver el detalle revelador y profundo allí donde otro director apenas vería la superficie de las cosas”.

Juan Pablo Cinelli, Tiempo argentino

“La nueva maravilla de Gustavo Fontán, Elegía de Abril, como el resto de su sólida filmografía representa un desafío estético que todo cinéfilo que se precie no debería evitar.”

David Obarrio, Cinemarama

“Elegía de Abril es un canto en estado de vigilia que no reniega de la pulsión incomprensible y arrebatada del sueño ni toma, sin más, lo pedestre y cotidiano como único reaseguro de un orden verdadero y perdurable. Por el contrario, este cine prefiere adentrarse sin red en lo desconocido, confrontar con su material para fundirse inesperadamente en él”

Amadeo Luka, Revista XXIII

“Una trama llena de sentimientos, evocaciones y pequeños tributos. El sustancioso aporte interpretativo de Quinteros, Aizenberg y el joven Federico Fontán redondean una breve pero entrañable joya”

Juan Carlos Fontana, La Prensa

“Con esta historia Fontán parece inaugurar un caudal creativo nuevo, de un hipnótico marco poético, en el que los personajes, representan las piezas de un relato lúdico que por momentos sólo parecen fruto de la imaginación del que ve la película”

Pablo Arahuete, Cinefreaks

“Representar no es otra cosa que renovar la mirada. Es reconstruir con lo que se tiene y con lo que no se tiene un espacio diferente. Objetos que evocan presencias; que evocan fantasmas que se niegan a ser recordados. Pero es la memoria, la de los recuerdos pasados, aquella que se empecina en atraparlos y de esa forma revivirlos aunque más no sea en esa instancia efímera que puede durar un parpadeo o un abrir y cerrar de ojos”.

Rodolfo Weisskirch, A Sala llena


“Es una película sobre la espera… No solamente es rica a nivel visual, no solamente es preciosista en cada plano detalle, sino que además tiene varios matices narrativos, capas que se van explorando sobre la memoria de los muertos y del tiempo. Un lenguaje sencillo, belleza en lo simple, que a la vez habla de los aspectos más básicos y trascendentes del hombre”.


2010, 64 min., Color.
Intérpretes: ADRIANA AIZENBERG, LORENZO QUINTEROS,
FEDERICO FONTÁN, MARÍA MERLINO, CARLOS MERLINO

Guión y Dirección: GUSTAVO FONTÁN

Fotografía: DIEGO POLERI

Foto Fija: GUSTAVO SCHIAFFINO

Sonido: JAVIER FARINA
Montaje: MARIO BOCCHICCHIO
Director de Arte: ALEJANDRO MATEO

Asistente de Dirección: JUAN GARCILAZO

Primero de Dirección: ALEJANDRO NANTON

Asistente de producción: MELINA BERNARDEZ

Productor ejecutivo: GUILLERMO PINELES

Producción: TERCERA ORILLA, INSOMNIAFILMS e INCAA

http://www.elegiadeabril.com.ar/
http://gustavo-fontan.blogspot.com/