
-No me llamó, desde
el año pasado no me llama. Te lo dije: para mí los años pares son inmundos.
La mujer tiene unos ojos oscuros que sobresalen en su cara delgada, y aunque los párpados parecen pesarle los
mantiene abiertos. Por momentos baja la
mirada hacia su bebé dormido y la deja allí un rato, como si acariciara la
cabeza del pequeño, pero casi todo el tiempo tiene
la mirada perdida en el afuera. No parece mirar nada en especial sino simplemente entregarse
al movimiento y fugarse ella también en la fuga de todo. Parece venir
de un viaje infinito.
Ahora, vuelve nuevamente la mirada hacia su hijo, y ahí se quedan sus ojos. De
pronto, fugaz, inesperada, se le dibuja
una sonrisa en los labios que restituye la esperanza, un antes y un después
gozoso.
-Se lo dejó a la vecina y cuando la vecina se lo devolvió estaba muerto.
Un conjunto de árboles: se pierde y deja una huella
Un perro viejo, flaco, camina de una punta a la otra del
vagón, como si buscara su sitio.
-Hoy no.
(Silencio). Te dije que hoy no
Hay dos niños en el andén, casi de la misma edad,
envueltos en larguísimas bufandas azules. Casi iguales los niños y las
bufandas. Las puertas del tren se abren, están a dos pasos de ellas, pero no
suben. Inmóviles, miran hacia el
interior del vagón con cierta nostalgia. Uno de ellos levanta la mano de pronto, simplemente
levanta su mano derecha y saluda; se diferencia del otro.
A veces los rostros se reflejan en las ventanillas. A
veces no.
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