sábado, 18 de agosto de 2012

Diario de EL ROSTRO (6)


18 de julio (Por la tarde)
Bote, agua, orilla.
Bote, agua, luz, orilla, espinillo.
Hojarasca, camalotes, agua, bote, perro, ramas, rancho, fuego.
Hombre.

Hay que transformar las astillas del mundo que tenemos a mano en una visión.

18 de julio (Por la noche)
¿Hay algún vínculo entre visión y experiencia?
¿Es indispensable la experiencia para transformar esas astillas en una visión?

La experiencia no es un pensar en el mundo, sino que, en un inicio, es la certeza sensible de un estar en el mundo y de formar parte de algo que nos excede y nos resignifica. Uno sale siempre alterado de la experiencia: hay algo que nos impregna, una duración de lo otro en nosotros, que es siempre el origen de un nuevo conocimiento. La experiencia nos arrebata los ojos fosilizados y nos otorga una mirada enriquecida.

Lo que entiendo, también, es que la experiencia no es necesariamente el contacto con aquello inmensamente lejano; por el contrario es la inmersión en lo contiguo. La revelación que nace en su vientre es, en apariencia, insignificante; no son verdades dogmáticas o grandes paradigmas filosóficos. Lo que vemos es el rostro velado -desvelado en la experiencia- del mundo cotidiano. Vemos en las fisuras de lo familiar, en el hueco de nuestros prejuicios. Por eso, el cine no exige los ojos más allá, sino más acá, más humanos.

Tal vez: sólo la experiencia, inscripta sensiblemente en la película, puede transformar esas astillas del mundo en una visión.

19 de julio (en Paraná, por la noche)
Luis me dice que tendríamos que estar a las seis en la orilla y que el sol, en el inicio, estará frente a nosotros y, luego,  en el camino hacia la isla,  a la izquierda de nosotros. Me dice también que mañana no habrá bruma. 

Una breve charla telefónica con Gustavo. Un repaso rápido de lo que no tiene que olvidarse: bolso, gorra, abrigo.

jueves, 9 de agosto de 2012

Diario de EL ROSTRO (5)


6 de julio de 2012 

Ahora : el vínculo entre los muertos y los vivos no es de distancia (salvada por el recuerdo). La relación se expresa como tensión entre distancia y cercanía. Los objetos, las acciones, los olores, la luz, traen al otro, lo presentizan.  Pero esa presencia es a su vez una fuga, un agujero. En esa tensión de aparición/desaparición, de distancia/cercanía, debemos construir el vínculo entre los personajes.
“Algo así -me dice Abel Tortorelli- debe suceder con cada sonido: debe reponer el mundo y debe ocultarlo. Lo que aparece puede desaparecer y volver aparecer, pero siempre queda algo residual, algo que se acumula”.
Recordar: Los pasos del que pasea/ se convierten en lugares. /  Mientras se presenta ante/ el laberinto de los años/ se asoma al pozo de su cuerpo”. (Arnaldo Calveyra)


16 de julio de 2012

Releo las primeras notas: ¿Por qué fiesta triste?
¿Podremos pensar el reencuentro con los muertos desde cierta vitalidad que nos exima de la tristeza?
Se lo pregunto a una amiga y me responde: “Creo que la clave está en pensar que lo único que puede producir el milagro de reencontrarnos con nuestros muertos es nuestro anhelo interior de compartir con ellos la alegría. Nadie quiere volver a ver a los suyos para compartir las tristezas. Si yo pudiera elegir, querría volver a escuchar la risa de mi papá antes que nada y poder contarle las cosas buenas que me pasan. Si no me garantizaran eso, no tendría el menor sentido el encuentro”.

La película debe ser el trayecto hacia la fiesta.
En El árbol y en La casa también hay escenas de fiesta. Sin embargo, la mirada extraña esa celebración y se manifiesta algo del orden de lo siniestro. En El rostro, la fiesta debe ser la expresión de la alegría del reencuentro. Lisa y llanamente.
(Cuidado: pensar en los límites que tiene la mirada entonces).

18 de julio de 2012

¿Puede haber sobre el mundo una mirada más o menos inocente, como si miráramos por primera vez? ¿Puede el plano, en esa inocencia, registrar un perro, un bote, el agua, un cuerpo, un rostro, en una expresión simple, cruda? ¿Estará la alegría en este encuentro sencillo con el mundo?

miércoles, 1 de agosto de 2012

Diario de EL ROSTRO (4)

10 de junio de 2012
Dice Juan José Saer:
"Existe, tal vez, en alguna parte, un idioma,
 nadie niega, pero habría que desandar,
salir, si fuera posible, del centro de la noche,
y empezar de nuevo con otra clase de balbuceo".
Será necesario encontrar las fuerzas.
Me pregunto si el río tendrá un poder reparador, balsámico. Tal vez,  pero no hay tablas de salvación.
En este viaje, El rostro sólo puede ser un balbuceo, visceral y torpe.

11 de junio de 2012
La conciencia del fracaso.
Hay que crear con la conciencia del fracaso.
Hay que filmar El rostro (y todo lo que siga) con la conciencia del fracaso.
Es humano


29 de junio de 2012

Vemos con Mario Bocchicchio los materiales de archivo que ya tenemos. Comentamos dos cosas dos fundamentalmente:
La primera, vinculada a la relación cuerpo humano – naturaleza. Hay algo que nos interesa del plano general donde el cuerpo queda señalado como tal, pero sin identidad, sin señas más que la de un cuerpo en un espacio. Hay una tensión entre el ver y no ver, entre el saber y no saber, que lo vuelve misterioso y desata el deseo de ver.
En segundo lugar, la acción de ese cuerpo siempre es “cruda”, necesaria: hachar, cocinar, remar, mover las vacas…
Esa noche Mario me escribe:
(a veces pienso que "el concepto naturaleza" mató a la naturaleza)
¿Quizás la naturaleza finalmente haga visible el rostro, en el continuo, en una pesca, en un pantano, con los árboles o una fuerte corriente de río o porque pasa el tiempo en nosotros y la sangre nos corre por las venas y afecta al sistema nervioso central o lo que sea de la muerte y la violencia?
¿Quizás es la naturaleza y su "impunidad" la que ilumina?
¡Guarda con los muertos! ¿Ellos aparecen "en" la naturaleza o "con" la naturaleza o "en" el hombre que llega a la isla o "con" el hombre que llega a la isla? A mí me gusta más "con" que "en", mucho más.

30 de junio de 2012

¡Prestarle atención a la película que empieza a definirse  en la intersección de las ideas y de los primeros materiales!.

lunes, 23 de julio de 2012

Diario de EL ROSTRO (3)

3 de septiembre de 2010

Patricia me cuenta que  anoche soñó con su padre. Su rostro era joven, no usaba anteojos todavía, me dice.  Aunque los dos -ella por supuesto- conocíamos muy bien a ese hombre, muerto ya hace unos años, se empeña en describir los detalles: la piel blanca y lampiña, los ojos juguetones, la sonrisa pícara. En esa descripción minuciosa, entiendo,  se juega para ella un montón de otras cosas: su propio rostro -el brillo en su mirada mientras me lo cuenta es insoslayable- lo  revela.  Ese rostro, el de su padre joven, es un momento robado al tiempo,  la llave de un instante único que la contiene niña  a ella y  joven al padre. Aunque entiendo esto, hay una profunda, profundísima red de implicancias desconocidas por mí, sugeridas apenas, esbozadas en los destellos de luz en los ojos.  En el sueño el padre le dijo: Ahora que estoy solo vení a visitarme.
¿Podremos pensar el rostro -"El rostro"- como ese lugar donde se despliegan instantes robados al tiempo, en un nuevo presente, fisuras en el devenir, para un regocijo luminoso?
(Si  hay algún conocimiento que nos conduzca por ese río sólo puede estar ligado al ámbito de la intuición y lo sensible).

24 de septiembre de 2010
“Aquello que sucede en el rostro de un hombre es incluso más importante y luminoso que lo que   acontece a su alrededor”
Ermanno Olmi

10 de noviembre de 2010
Mi amigo y hermano Gustavo Hennekens será el protagonista.
Su rostro, su mirada, es territorio ofrecido, siempre franco.
Pero a la vez, el rostro es una especie de abismo cargado de misterio.
Me manda unas fotos de su padre, las únicas que tiene y al que casi no conoció: un cuerpo pequenísimo en el plano general, un rostro hundido en las sombras: la presencia es siempre el testimonio de una fuga.
 
21 de abril de 2011
Patricia se enferma. Todo en suspenso.

sábado, 14 de julio de 2012

Diario de EL ROSTRO (2)

18 de mayo de 2010

Hay otros versos de Calveyra: "¿Y la palabra cedrón, / la palabra borraja, / la palabra llovizna, / la palabra salir al campo?"


Y sigo, con su permiso: ¿Y la palabra nuestros muertos?


¿Será posible que la película sea la tierra donde germinen algunas palabras, algunos sonidos, un conjunto de acciones que se deslicen desde el fondo del tiempo?


Una forma de habitar y no otra, una música y no otra.


¿Cuál es la música que se desliza desde el río y los espinillos, desde los rostros y las crecientes, la luz y la intemperie?


20 de mayo de 2010

Se afirma: Un hombre vuelve a su tierra natal, isla profunda, donde ya no hay nada, a reencontrarse con sus muertos.


Pero, ¿qué significa “a reencontrarse con sus muertos” en términos audiovisuales?


Por ahora, lo único que sé es que la presencia de nuestro personaje concentra, de puro estar nomás. Y viene alguien. Y viene otro. Y aparece un rancho donde no había nada. Y llegan más. Llegan desde lo profundo de la isla y desde el río. Y no hay diferencias entre los cuerpos.


Sus conductas deben tener una fuerte impronta realista. Se comportan como humanos.


Pero por otro lado, la atmósfera, ¿desde la percepción del tiempo? nos debe poner perceptivamente ante una realidad en fuga (hacia el pasado y hacia el futuro), un presente inestable, siempre al borde de la desaparición.


6 de junio de 2010

(después de una nueva visita a las islas)


Las islas están compuestas por grandísimas extensiones de tierra, con montes de madera blanda (sauce, timbó, ingá) en la costa, y pajonales interminables, montes de espinillos, algarrobos y talas, lagunas y esteros, tierra adentro.


Las islas son por naturaleza un espacio cargado de cierta precariedad: las crecientes, siempre voraces, construyen una memoria y un riesgo. Nadie olvida las crecientes; por todos lados hay huellas. Nadie deja de temer a la creciente que puede sobrevenir.


La isla es, por ello, una imagen del antes y del después. Y el presente es un estadio frágil entre dos dolores.


Esta conciencia imprime en sus habitantes, los isleros, una extraña vitalidad. Se vive el presente, el sol y la pesca, los encuentros y el vino, el fogón y los silencios, como una fiesta y una despedida al mismo tiempo.


La isla puede ser también la imagen de un Antes y un Después. UN NUEVO AHORA.


19 de julio de 2010

Llegamos a orillas del Paraná cerca de las 5 de la mañana. Hay viento y varios grados bajo cero.


Vamos a grabar las imágenes iniciales: el personaje se interna en el río, remando, rumbo a la isla. Sólo eso.


Todo está dispuesto: la cámara, una bolex que elegimos especialmente, nosotros, y la bruma. Una bruma densa que parece nacer del río.


Es el momento de empezar a filmar, el fotómetro de Luis así lo indica. Pero la cámara se resiste: se congela y no permite que corra la película.


Después de un rato nos damos por vencidos. La luz ya se ha disparado y se llevó la atmósfera esperada. A tratar de entrar en calor entonces y a volver. (¿Alguna señal?)


Estas dos fotos quedaron como testigos:



domingo, 8 de julio de 2012

Diario de EL ROSTRO (1)

Amigos:

A principios de 2010 empezamos a hacer la investigación para una nueva película que filmaríamos en el río Paraná: EL ROSTRO.

Circunstancias personales me llevaron a tener que abandonarla meses después. Ahora, retomamos el proyecto: el rodaje empezará este invierno y terminará en la próxima primavera.

Siempre, en cada película, llevo un diario donde trato de ir apuntando las ideas que aparecen y van orientando el proyecto. Algunas se definen, otras se pierden en el devenir. Nuestra idea es compartir con ustedes, en dos entradas mensuales, algunas de las notas de ese diario, hasta que el rodaje llegue a su fin.

En esta primera entrada arrancamos con algunas de la notas del 2010. Saludos

Gustavo

Diario de EL ROSTRO (1)

7 de febrero de 2010

Hay un sueño (¿de quién?, ¿cuándo?): "Ayer soñé con mi padre. Tenía el rostro lleno de telarañas, pero no me daba miedo". ¿Hay un espacio, luz y sombra, belleza última, desde donde se derrama la muerte? Es decir un momento intermedio entre la vida y la muerte, pura presencia física de los otros, de los muertos. ¿Hay algo así como una fiesta última? Quizás dolorosa, pero fiesta al fin...

20 de febrero de 2010

Dice Calveyra. "Los pasos del que pasea / se convierten en lugares. / Mientras se presenta ante / el laberinto de los años / se asoma al pozo de su cuerpo". Un hombre regresa a su sitio natal, una isla profunda del Paraná, donde ya no queda nada, a rencontrarse con sus muertos.

6 de marzo de 2010

Hay que seguir explorando en el trabajo con archivos (profundizar el trabajo iniciado en "La orilla que se abisma"). Esos archivos deben funcionar desde la subjetividad del hombre, pero no deben instalarse en un sentido argumental, en una cronología del recuerdo, sino en relación a una continuidad expresiva, sólo descifrable desde lo anímico y lo perceptivo. Deberemos deslizarnos en el tiempo (como el río), con vaivenes, caídas, pequeños oleajes: un nuevo tiempo.

7 de abril de 2010

Vamos con Luis Cámara a visitar una isla: un paisaje seco, austero. El hombre integrado al paisaje, es parte de él. (El plano nos debe permitir ver esta integración). Pienso: ¿Será posible liberar de la apariencia al suceso, pero sin olvidarse de él, sin perderlo? Puede el cine intentar que no se escape la verdadera ambigüedad de los acontecimientos? Crudeza y poesía. Por ahí vamos, mientras Héctor rema por tierras inundadas. En silencio.

domingo, 1 de julio de 2012

El rostro

Amigos, mientras esperamos el estreno de LA CASA estamos en pleno trabajo con la nueva película que se llama EL ROSTRO.

Para filmarla volvemos al río Paraná, a su luz, su tierra y su devenir. En las palabras de John Berger, encontramos uno de los elementos centrales que nos anima:

"¿Cómo viven los vivos con los muertos? Hasta antes de que la sociedad fuera deshumanizada por el capitalismo todos los vivos esperaban alcanzar la experiencia de los muertos. Era éste su futuro último.
Por sí mismos, los vivos están incompletos. Sólo esa forma moderna tan particular del egoísmo rompió tal interdependencia. Y los resultados son desastrosos para los vivos, que ahora piensan en los muertos como los eliminados."

Saludos

Gustavo

viernes, 15 de junio de 2012

11º Tandil Cine - La Casa, de Gustavo Fontán

Amigos,

desde el martes 19 al domingo 24 de Junio se realiza el 11º Tandil Cine, organizado por la Municipalidad de Tandil, la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires (UNCPBA) a través de su Secretaría de Cultura y su Facultad de Arte, y la Biblioteca Popular Bernardino Rivadavia; con el apoyo del Instituto Nacional de Cinematografía y Artes Audiovisuales (INCAA)

LA CASA integra la Competencia junto a las siguientes películas:
  • Porfirio, de Alejandro Landes
  • Creo que te amo, de Germán Greco
  • La Casa, de Gustavo Fontán
  • T.V. Utopía, de Sebastián Deus
  • El Campo, de Hernán Belón
  • Tiempos menos modernos, de Simón Franco
  • Errantes, de Lisandro González Ursi y Diego Carabelli
  • El último Elvis, de Armando Bo
LA CASA se presenta el jueves 21 a las 18 hs, y allí estaré para conversar con el público.

Saludos
Gustavo

miércoles, 9 de mayo de 2012

CARTAS A RAIZ DE LAS PRIMERAS PROYECCIONES DE "LA CASA"


Amigos, quiero compartir con ustedes algunas de las cartas que recibimos estos días.

Cartas de GABRIELA AVALTRONI, BRENDA URLACHER, FRANCA GONZALEZ, ALICIA SILVA REY y CLAUDIO PEREZ

Son mimos, por qué negarlo, pero también están llenas de conceptos que completan la película y nos enriquecen a todos.

Un abrazo

Gustavo


GRACIAS POR LA CASA

Hola Gustavo,

Mi nombre es Gabriela. El motivo por el cual te escribo es para decirte lo maravillosa que es tu última producción, La casa. Quiero sincerarme y decirte que es la primera película que veo tuya y desde ahora no será la única.

Sin tener conocimiento previo de El árbol y Elegía de abril, lo que logras en La casa es magnífico. Es como revisar fotos viejas cuando, al tenerlas en la mano, recordás lo vivido en ese momento en que se tomó. Ese estado onírico que alcanzas con los reflejos, las grietas y los murmullos es increíble, logras que uno conozca todos los rincones y recovecos de la casa.

La casa, fue una de las primeras películas que vi en este Bafici y tenía la necesidad de manifestarte lo que me produjo, lo que sentí.

Gustavo, gracias por eso!

Saludos

Gabi Avaltroni


LA CASA

Gustavo, aprovecho la emoción y el entusiasmo que me dejó la película para escribirte.

Creo que no hay detalle en el que no hayas buceado, todo me transportó rápidamente a un mundo de ensueño, como te dije: místico casi religioso. La palabra que vi en la pantalla impresa fue beatitud. Porque vi que te liberaste, que abandonaste la necesidad de pensar, porque ya no necesitaste pensar, y lograste que tu pintura se transforme en pura inconmensurabilidad.

Gloria por el cine, que vuelva a ése cine del que tanto me hablaste con afán, pero que aún así, es un cine nuevo, genuino, del fúturo!.

Me siento bendecida por haber tenido la posibilidad de que hayas sido parte de mi formación. Te lo agradezco.

Gracias Gustavo, gracias por La casa. Felicitaciones a vos y a todo el equipo.

Espero verte pronto, un abrazo.

Brenda Urlacher


DE FRANCA

Querido Gustavo,

De todas tus películas, la Casa es la que más ha revuelto mis entrañas. Y si bien cierra una trilogía, espero que esa búsqueda no se detenga. Haces el cine que me gustaría hacer cuando sea grande. Y dado que ya tengo 43, no creo poder llegar ni a la sombra fantasmagórica de tus postigos al sol.

No es que quiera hablar de mi, pero como en el fondo cuando uno hace una peli, lo que realmente quiere es que el espectador se escabulla en sus propias emociones y recuerdos, me atrevo a recordar aquel día que te conocí y que me dijiste que Atrás de la via tenía algo que se acercaba a tus inquietudes cinematográficas. Fue en Tandil. Y ayer me pasó algo curioso. Estuve todo el tiempo en la casa de mi abuela. Entre sus fantasmas y los míos. Sus destellos. Ese eterno pasar por los mismos mosaicos gastados. La misma luz de la hora de la siesta. Y ese miedo pavoroso y angustiante a que esos olores, esas huellas, esos frascos, esa respiración entrecortada frente a la ventana inundada de santarritas, falten algun día.

Todavia me cuesta aceptar el horror de la demolición, que me dejó aturdida, llena de polvo, tapada por los escombros de un final inesperado. Me provoca esa grieta entre la ficción y el documental, donde por un lado, sufro como una condenada pensando que es real, y por el otro me digo, no puede ser tan hijo de puta de haber tirado la casa abajo. Y mostrarse tan fresco y distante. Tiene que ser un recurso narrativo que lo convenza, sobre todo a él mismo, que no va a volver a filmar nunca más ahí. No quiero saber la verdad, pero prefiero creer que la Casa aún está en pie. Como el árbol, que siguió y seguirá vivo en nuestros corazones aunque ya no lo esté.

Cómo espectador, la demolición es, literalmente, un masazo en la nuca. Te preguntas... y la viejita? Y los personajes de los films anteriores? Y todas esas cosas? Y las puertas? Y los secretos que se guardaron abajo de un mosaico? y los cajones, los espejos, las tazas y platitos? Adonde fueron a parar todas esas fotos, los libros, la ñata contra el vidrio? Y los fantasmas, por donde quedarán vagando? Desaparecen, junto a todos los recuerdos?

Para despedirme, debo decirte que me sorprendió ver mi nombre entre los agradecimientos. Por qué?

Te quiero. Y por sobre todas las cosas, te admiro como a pocos.

Franca Gonzalez


LA CASA

Querido Gustavo:

-comprobar que se ha vivido entre escombros durante años, sin haberlo sabido;

-el retorno una y otra vez de lo real con su componente siniestro;

-hacer lo posible para que la ceniza no nos comande (o la arena).

Todo eso ha sido en síntesis, para mí, La casa, la más equilibrada y poética de la trilogía.

La casa como único ser que conoce la falla secreta de una familia

("acaso lo que barruntamos de un sueño antes de que lo borre el despertar", Arnaldo Calveyra).

Pero incluso en las ruinas, entre escombros, demolidos los cimientos, los supuestos, en el ser de La casa,

existe la capacidad de recomenzar: he visto cómo amanecía serenamente tras la enramada verde:

árboles jóvenes de pie en contraste con la presencia trágica de La casa.

Te abrazo

Alicia Silva Rey


LA CASA

Gustavo:

Antes de escribirte, me leí. Repasé ligeramente muchos años de amistad y de lector/espectador de tus obras, poéticas, narrativas, teatrales, cinematográficas. Hubo términos, en el estreno de La casa, que me intranquilizaron y me hice una calma de palabras.

Se habló de “final”, “ciclo que termina”, “clausura” y otras expresiones definitivas, otras condenas que con las que decidiste ejecutar tu obra. Ejecutar, me repito, no es, en tu caso, un vocablo que refiera solamente al momento de poner en práctica una sentencia. Porque es cierto que antes de filmar El árbol, Elegía de abril y La casa, antes de ejecutarlas, en tanto hacerlas, ya las había ejecutado, ya las habías condenado a un destierro que sabías. Desde este punto de vista deberíamos aceptar que fracasaste. Hoy, la tercer y ¿última? película del ciclo fue seleccionada para integrar la competencia Cine del futuro, del BAFICI. ¿Puede un final de algo integrar una competencia que parece apuntar a aquello, a los modos, que anticipan otra cosa tan vital y nueva, tan naciente, como el futuro?

La casa, creo, se instala en tu filmografía como punto de llegada a una manera de entender y vivir el cine, pero no veo que clausure nada, y si operase como cierre de algo, entiendo, será de una temática. Y en esto estamos, ¿tanto vale el tema como para afirmar que, concluida su exploración, cancela algo? Sabemos que no. Desde Aristóteles.

Aquí aprecio más lo que cuesta, lo que ha costado este viaje inmóvil. Este permanecer en una calle, una casa, unos cuartos, paraderos de la sangre.

Pero miro La casa y veo como se abre paso la luz, la imagen, por los vidrios, por esa magia nacida en los desiertos del mundo hasta terminar firmada por Degue, Lalique, Bifery, Rochette, Gilbert, Charder, Schneider. Miro La casa y veo como la lente de la cámara ha conseguido eso: transparencia, color, sutileza, inminencia de desastre.

Qué curioso, lo único que en La casa se destruye y cae, lo que abdica y se derrumba y pulveriza, es lo sólido, lo opaco, lo que nos devuelve una versión unívoca de la realidad. Allí donde la luz pasa, en los huecos sutiles apenas velados por los cristales, parece, la destrucción no llega, no encarna. Lo que cae es lo que se resiste a ser atravesado por la luz, por la mirada.

Y los fantasmas, en esta belleza que hemos visto, no son, para mí, sombras, sino reflejos, nuestra mirada que vuelve plagada de incertezas, de puntos suspensivos, de preguntas que no responderemos nunca.

Creo que es excesivo pensar que ciertas cosas terminan, y más, que las cosas, las relaciones, los gestos, los momentos, terminan cuando la materialidad que los posibilitó se acaba o se deslíe. ¿Para qué si no la memoria, el arte? ¿Para qué si no nuestras formas de ver?

Claudio L. Pérez

martes, 1 de mayo de 2012

La casa - Bafici - Resumen de críticas

Amigos:

Comparto con ustedes algunos comentarios críticos sobre LA CASA durante el Bafici.

Pronto, compartiremos también las cartas de algunos espectadores.

La película hará un recorrido por festivales y el estreno está planeado para dentro de algunos meses.

Un abrazo
 
Gustavo
 
 
David Obarrio, en Cinemarama


"Oscilando entre lo abstracto y lo concreto, la cámara de Fontán es capaz de arrancar destellos de lo que nos rodea para volverlo, en un gesto de melancólica nobleza, la materia irrenunciable del cine. Cada plano, de una belleza única y de una pertinencia implacable a la vez, ofrece el testimonio de un compromiso genuino con la imagen y su relación con el mundo. Del calor de esa alianza nace el cine."


Miguel frías, en Clarín

"Los seguidores de la bella, inasible, delicadamente conmovedora filmografía de Gustavo Fontán encontrarán en La casa el cierre de la trilogía que el realizador comenzó hace ocho años con El árbol y que siguió con Elegía de abril. En su nuevo filme, Fontán logra captar, con su ya clásico lirismo onírico, recuerdos y fantasmas del caserón paterno de Banfield, hasta que la demolición llega con inapelable, arrasador realismo."

Juan Pablo Cinelli, en Tiempo Argentino 

"Fontán acumula en esa casa de familia capas de imagen y sonido, pero también capas de tiempo, superponiendo al presente distintos pasados, una colección de los fantasmas de quienes allí habitaron. La casa es la obra de un autor antes que de un cineasta, y de un poeta antes que un director. Poesía que merece ser vista."


Ezequiel Boetti, en Otroscines

"Parece ser la misma casa la que evoca su pasado resplandeciente. La sensación se acrecienta a medida que trascurre un metraje construido casi en su totalidad en planos subjetivos, como si la lente encarnara los ojos de la construcción mientras observa impotente cómo la mutilan."


Pablo Arahuete, en Cinefreaks

"Toda clausura implica una pérdida y un desandar misterioso sobre lo ya construido o recorrido desde la poética y desde el cine como vehículo de expresión de ideas y sensaciones. Las que deja La casa, final de la trilogía que comenzara con El árbol, son de profunda tristeza y dolor donde el polvo de los escombros se alimenta del polvo de los recuerdos pero se desvanece como aquellos fantasmas que habitaban el espacio de ese recóndito rincón de Banfield".


Blanca María Monzón, en Leedor

"Las voces, los susurros, los recuerdos, la memoria y el fantástico juego entre la luz y la sombra. Fontán construye un poema en base a un documento de la realidad."


Rodolfo Weisskirch, en Asalallena

"Sin dudas, la más lírica de las tres. Las protagonistas son las paredes, los reflejos de las ventanas, las puertas, los techos. La casa respira, se comunica, hace sentir sus años, su tiempo y su pesar, incluso ante su triste porvenir."