martes, 16 de octubre de 2012

Diario de EL ROSTRO (10)



Hola a todos.

Compartimos hoy la última entrega del diario de  EL ROSTRO. La película ya está avanzada y es nuestro propósito terminar el rodaje a mitad de diciembre. La mecánica es similar a las películas anteriores: rodamos, editamos, volvemos a rodar. Empezamos en el invierno y terminaremos en el verano.

Quiero agradecerles la compañía y todos los mensajes que han publicado en el blog o me han hecho llegar personalmente.

Por otro lado, queremos contarles que LA CASA ya tiene fecha de estreno: 8 de noviembre. Ya les daremos más noticias.

Un abrazo

Gustavo


Diario de EL ROSTRO (10)

2 de octubre de 2012

Reviso la libreta, recupero algunas notas:
Algo así: se precipita la primavera, lenta, invisible (siempre por detrás de la acción del personaje).  Y de pronto, sin darnos cuenta,  estamos en el centro de la fiesta. Luz nueva en los sauces y en los arroyos. Y llegan otros. Y llegan los que no se fueron nunca. Se florecen. Rostros (y música)  para todos los espejos.

No nos olvidamos de los perros. Están ahí, con ellos, con nosotros.
Hay tres ahora, echados en la orilla: dos al sol, uno a la sombra del sauce.
No debemos quedarnos viendo como la luz pasa sobre ellos. No ahora.

Hay una voz.
El viento, el río, la lleva y la trae.
Nos habla de un ahogado que da vueltas en el fondo del río.
Nos habla de una música y un baile, en patas en la arena.
Esa voz: pura intimidad.

No nos olvidamos de los niños.
Ahora hay dos sobre un bote. Mueven sus brazos y señalan algo en el río.
Están lejos. Hablan pero no los escucho.

Ella se aleja.
Ella está acá.
Huerto me mira: espera alguna palabra para conducir a Gustavo entre los sauces.

Todos, todos nosotros: dejarnos florecer.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Diario de EL ROSTRO (9)



15 de septiembre de 2012

El río, entre las islas, forma  arroyos y cada uno de ellos recibe un nombre. Es muy difícil, para los que vamos de "afuera", reconocerlos; porque mutan, porque se parecen, porque -llevado y dejándose llevar- uno pierde rápidamente las referencias. 

Es muy difícil, también, para los que no somos de ahí, leer el río en su hondura concreta:  las profundiades (ocultas o apenas sugeridas en la mansedumbre aparente del agua), o  los cruces de corrientes a las entradas y salidas de los arroyos, siempre riesgosas, que exigen una particular dirección del bote, por ejemplo.
No es así para Maldonado, quien nos guía. Hay un saber, más allá de los nombres, que le permite accionar con naturalidad y armar recorridos simples. Esa dimensión del saber, aunque no es formulada, no desaparece: subyace y recoge una historia y una genealogía y se proyecta en el presente y en el futuro.

La persistencia de ese saber en Maldonado  le da la verdadera dimensión a nuestros viajes.
Buscar en estas ideas las claves del montaje.
Todo está ahí.

20 de septiembre de 2012

Ella le dice: Sabía que ibas a venir, ayer soñé con tu padre. En el sueño nos miraba.
Ella no habla. De pronto está junto a él, comen pescado. El saca una posta de patí de la olla y se lo alcanza.El río está detrás. Hay viento, un  murmullo en las ramas casi peladas. En el agua, unas leves oscilaciones plateadas.
Tal vez: se insinúa la primavera.

Le pregunto a la mujer de Godoy (ella se asoma a la puerta de la casa, camina con dificultad): ¿Qué piensa cuando su marido se va al río?
Me mira, como si mi pregunta le trajera un fantasma: Sólo pido que vuelva.
Ya no habla. Se mete de nuevo en la casa.
Persiste por unos instantes la forma de su cuerpo en el espacio vacío.
Sus palabras duran, más allá.

domingo, 9 de septiembre de 2012

Diario de EL ROSTRO (8)


29 de agosto de 2012

Encuentro sencillo con el mundo (eso decía en una nota de julio): hay algo, en el fondo de esas palabras, que hay que pensar.
Hoy diría, tal vez: encuentro sencillo con las cosas.
¿Por qué?
Quizás, porque el contacto con las cosas nos salva de una belleza distante, previa, y nos pone ante los destellos intensos, impuros siempre, de la vida.
Eso sí: el contacto con las cosas parece exigir la paciencia de un corazón solitario, el corazón solitario de un grupo.

30 de agosto de 2012

La imagen de El rostro: ¿sombra de qué?
La imagen de El rostro (fundamentalmente la del plano): más cerca del mundo que de la mirada.
En el contacto con las cosas uno puede perderse, es el riesgo siempre. (Me pregunto, una vez más, qué significa para Godoy meter sus cosas en la canoa y perderse).
Tarea del grupo: nos acompañamos para no perdernos.

3 de septiembre de 2012

Escucho la grabación que hicimos con Godoy: no me acordaba que se había puesto a silbar mientras sacaba agua de su bote. Abel  lo grabó.
Escucho su silbido, una y otra vez, y pienso: solo, en el río y en la isla, debe haber tenido mucho tiempo para escuchar a los pájaros. Su silbido nace de ese contacto, paciente, sincero.
Ésa es la clase de belleza que nos interesa.

martes, 28 de agosto de 2012

Diario de EL ROSTRO (7)



20 de julio de 2012
Todavía es de noche cuando llegamos a la orilla. Maldonado nos espera con los botes listos.
Siempre hay algo de inquietud en el arranque. Uno a uno nos saludamos, fraternalmente. Ya no hay palabras, salvo las indispensables.

Más allá, cruzando el río, las islas son todavía manchas oscuras, pero por un rato nada más. Después, serán una línea franca, territorio de sauces pelados y espinillos.

Nos subimos a los botes y nos internamos en el Paraná. No hay bruma. Pero hay un aire limpio de invierno, un silencio único.
Después de un rato, Luis nos avisa: "Ya tenemos la luz".
Estamos en camino.

22 de julio de 2012
La bruma no es un capricho, ni una mera intención estética. La bruma es el hilo sutil entre La orilla que se abisma y El rostro. El deslizamiento de una película a la otra. La esperaremos con paciencia.

24 de agosto de 2012
Llovizna por la mañana. Dos botes se mecen en el agua en un espacio densamente gris. La duración de ese vaivén habla. Durante un buen rato escuchamos lo que nos dice.

Más tarde, desde el río llega Daniel Godoy, un viejo pescador. También nos habla y nos tomamos el tiempo para escucharlo. Recuerda (la palabra es imprecisa, porque hay algo de tiempo vulnerado en su relato) una gran tormenta en el río. Nos cuenta los detalles: desde dónde llegaba el viento, cómo entraba el agua a su canoa,  cómo se hizo de  noche en unos instantes. Se le ensanchan los ojos cuando habla, como si un espejismo trajera de nuevo aquella "noche": no sé si me dormí, me daba miedo caerme y que me coman las palometas...me perdí en el tiempo, nos dice.

No hay desesperación en esa historia: hay que intuir el verdadero significado, el puente que se traza entre las palabras y sus emociones. Porque más tarde dice: estoy cansado, me dan ganas de subirme a la canoa, con mis cosas, y perderme.

Los ojos vuelven a ensancharse cuando cuenta que tocaba una flauta para que la gente de la isla bailara en la arena en patas. Ríe, vuelve a ser feliz, lo sabemos. Entonces, los ojos ensanchados, repletos de imágenes recuperadas, lloran por primera vez.
Sólo grabamos su voz. Y un par de imágenes mientras achica el agua de su bote.  Respetamos su pudor.

25 de agosto de 2012
Esta mañana, el río nos regaló la bruma deseada. El invierno está a punto de marcharse y casi nos resignábamos a la ausencia de niebla. Fue Gustavo S. el primero que señaló una leve columna blanca que empezaba a alzarse del agua mientras nos subíamos a los botes.
En la bruma anduvimos una hora.
El silencio es una condición.
Al llegar a la isla, una enorme felicidad en todos.

Para festejar, Maldonado, nuestro baqueano, cocina un enorme patí. Lo corta en postas  y lo fríe   en grasa. Gustavo S., Huerto, Rodrigo, Gustavo H., Luis, Abel, Maldonado y  yo, comemos el patí con las manos, al sol.