jueves, 27 de marzo de 2008

BAFICI 2008

Quiero contarles que "La orilla que se abisma", mi último filme, será presentado en la próxima edición del BAFICI, a realizarse entre el 8 y el 20 de abril. Aún no cuento con la fecha y horarios, pero prometo mantenerlos informados a través del Blog.
Los espero allá.
Gustavo

sábado, 1 de marzo de 2008

Un motivo más

Todo hecho creativo importa una gran satisfacción para el artista. Que se sublima en el momento mismo en que su obra ve la luz... Como un hijo.

Nada supera ese instante de felicidad.

Y aunque el artista sabe íntimamente que pronto deberá desprenderse de él, no obstante intenta mantenerlo consigo.
Me ha pasado con todas mis películas, y con todos mis libros...
Esta paradoja es la que le da vida al artista, la que impulsa el proceso creativo.
Me pareció atinado comenzar la entrada con esta idea, porque hace unos meses, y cuando ya me encontraba terminando "La orilla que se abisma" y pensando en su estreno, me llegó la noticia desde Grecia. Más precisamente del Festival de Thessaloniki.
Como un hijo que revoloteaba sobre la casa paterna, "El árbol" me proponía un nuevo reencuentro. A casi 2 años de su estreno, seguía tan vivo como el primer día..
Y sentí esa hermosa sensación de nuevo...
Gustavo

domingo, 10 de febrero de 2008

La orilla que se abisma

Este año se presentará nuestra última película: LA ORILLA QUE SE ABISMA.

Quisiera ir compartiendo con ustedes algunas ideas que están en el origen del proyecto, un diálogo con la poesía del poeta entrerriano JUAN L. ORTIZ.

Muchas veces a lo largo de mi vida me hice una pregunta: "Qué se puede conocer del otro?"

Volví a formulármela pensando en el poeta entrerriano Juan L. Ortiz. Siempre tuve la sensación de que la acumulación de datos da un conocimiento precario sobre el otro… A esa pregunta general siguió una particular: ¿será posible mirar el paisaje de Entre Ríos partiendo de algunos principios estéticos del poeta, de modo que la película sea testigo de este diálogo con Ortiz? Así comenzó el viaje: un acercamiento cinematográfico a su poética.

El principio estético lo encontramos en sus propias palabras. En un reportaje habla sobre Puerto Ruiz, su lugar de nacimiento: ‘Al amanecer, cuando el sol estaba rasante, iluminaba parte de la vaca y parte de mi madre agachada ordeñando. A mí me impresionaba mucho porque se levantaba en ese tambo mucho vapor. Entonces todo se irisaba, se hacía un mundo de color muy tenue, hermoso: las vacas parecían una niebla’. Y tiempo después, en otro reportaje, afirma: ‘Se trata de cierto sentido brumoso que disuelve el contorno de las cosas para hacer sentir la unidad viviente.’

Juan L. Ortiz tenía una convicción: 'El arte no da cuenta del mundo para hacerlo comprensible, sino para devolverle su sagrado misterio'. Con Luis Cámara (Fotografía), Abel Tortorelli (Sonido), Mario Bocchicchio y Gustavo Schiaffino (Montaje), Juan Gracilazo (Asist. de Dirección), la hicimos propia.

En el comienzo del cuaderno de la película anoté estas citas sobre la poesía de Juanele que fueron para nosotros importantes a la hora de pensar La orilla que se abisma:

“Para Juan L. el paisaje es enigma y belleza”.
Juan José Saer

“Todos sus poemas son una visión; un cuadro organizado a través de la óptica de lo visual, de la mirada, y al mismo tiempo, una conducta espiritual de esa visión”.
Alfredo Veiravé


“Preguntar y preguntarse. Traspasar lo oscuro y ver en qué consiste el misterio, llegar hasta la despersonalización si fuese necesario para poder así informar de sus hallazgos”.
Ketty Alejandrina Lis

“Cuando canta el río no es sólo el río, aunque el río se despliegue con toda su ilimitada amplitud, con sus peces y sus pájaros, sus animales costeros y sus islas, su luz y sus hombres, sino que todo está sostenido y sobrellevado por cierta efusión trascendente en la que el poeta es el río y no alguien extraño que le canta”.
Oscar del Barco


“La poesía de Juan L. Ortiz, lejos de configurarse como un decir asertivo que pretendiera afirmar una cierta verdad acerca de las cosas del mundo, se configura como un decir interrogante, como una poesía del preguntarse que encuentra sus fuerzas y su potencia no en la capacidad de constatar el acontecer de las cosas sino en la capacidad de interpretarlas”.
Roberto Retamoso

Nos vemos muy pronto...

Gustavo Fontán

viernes, 25 de enero de 2008

Entrevista a Gustavo Fontán - Revista MABUSE, Chile

Hola... Hoy quiero compartir con ustedes una hermosa entrevista que me realizó Lucía Carvajal Berland, para la revista MABUSE, de Chile, país en el que estuve hace muy poco tiempo con motivo de la participación de mi última película, El Árbol, en el Festival de Valdivia.

Les prometo volver pronto con algunas novedades.

Gustavo


Entrevista Revista MABUSE, Chile - http://www.mabuse.cl/1448/article-80576.html

Por Lucía Carvajal Berland

El cine de Gustavo Fontán (Buenos Aires, 1960) ha estado permanentemente ligado a la literatura como guionista y realizador de varios filmes vinculados a escritores y poetas: los cortometrajes Canto del cisne (1994), en torno al poeta Jacobo Fijman (que estuvo internado 30 años en un psiquiátrico), El paisaje invisible (2003), sobre el poeta Jorge Calvetti, y los largometrajes Ritos de paso (1997), cinta experimental sobre el escritor Macedonio Fernández, y Marechal o la batalla de los ángeles (2002), dedicado al escritor Leopoldo Marechal.

Es autor de libros de cuentos como Los días vacíos y La voz del sospechoso, antologías poéticas como Somos (1983) y Esa luz que retoña (1984), y ha escrito y dirigido varias obras de teatro.

Licenciado en Literatura de la Universidad de Buenos Aires (UBA), luego cursó estudios de cine en el Centro de Experimentación y Realización Cinematográfica, dependiente del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA) de Argentina. Su primer largometraje de ficción, Donde cae el sol (2002), fue premio especial del jurado del Festival de Viña del Mar 2003 y premio del público del festival de Lérida del mismo año. La costa errante (2004), largometraje realizado con producción del Grup Cinema Art y el Centro de Estudios Cinematográficos de Cataluña, aún permanece inédito. Ha sido profesor de varias universidades y realizado Seminarios de dirección de actores, tanto en Argentina como en Estados Unidos y Europa.

Poesía y cine

-¿Cómo operó tu tránsito de la literatura al cine?

-Los factores siempre son múltiples. En líneas generales te diría que las palabras no alcanzaban por momentos para dar cuenta de determinadas experiencias. Mi emoción ante un rostro por ejemplo o algunas atmósferas. No sé, ahora pienso que desde bastante chico me gustó mucho la fotografía.
A los trece años mi padre me regaló su cámara de fotos, unos días antes de un viaje a Mendoza. Me encantaba sacar fotos. Hay algo que fue madurando lentamente hasta que empecé a estudiar cine a los 29 años. Ya había publicado un par de libros. Creo que los dos caminos confluyen de algún modo en mis trabajos sobre escritores. Ahora pienso: la cámara que me regaló mi padre, una tía fotógrafa, un abuelo poeta… todo eso no explica nada, pero todo eso está ahí, en el origen, cuando nos pensamos en contexto.

-En el cine, ¿hacia donde diriges tus búsquedas?

-Qué difícil… Lo primero que se me ocurre decir es que cada película es un acto de indagación, un modo de cuestionar el mundo. Ahora estoy trabajando sobre Juan L.Ortiz, un poeta entrerriano (provincia argentina de Entre Ríos), el mismo que encabeza con una parte de un poema el inicio de El árbol.
Es un largometraje documental de una hora y no hay ni una sola palabra y trata sobre el mundo poético del autor, más que sobre la vida o la biografía del escritor. Me parece que el libro es un ámbito más adecuado que el cine para desarrollar una biografía. Juan dijo una vez que "uno no escribe para explicar el mundo sino para devolverle su sagrado misterio".

Hay un pequeño episodio que quisiera contarte. En la esquina de mi casa natal vivía un matrimonio un tanto particular. A ella le decíamos Fina. Mi madre solía barrer la vereda y conversaban. Un domingo de invierno mi madre se enteró que Fina cumplía años y me llevó a su casa para saludarla. Yo tendría unos doce años. Me acuerdo que era un comedor muy grande, y que lo habían dividido en dos con un ropero, en diagonal. Sí, en diagonal. Es decir los ambientes eran dos triángulos.
De un lado había una mesa. Se sentó mi madre. También el marido de Fina y yo. Fina no se sentó nunca. Constantemente aparecía y desaparecía por atrás del ropero. A veces tardaba, a veces salía enseguida. En una de esas salidas apareció con una capa y una capelina y nos disfrazó a mi madre y a mí mientras tomábamos el té. Y volvía a desaparecer y a cantar o a hacer ruidos con papeles y arrastraba los pies…Te imaginarás que yo estaba fascinado. Con el tiempo entendí que en este episodio no sólo había una historia sino también una teoría estética. Porque mucho más importante que lo que ocurría en el sitio que ocupábamos era lo que pasaba detrás del ropero, en el fuera de campo. Creo que en la sugerencia está el poder poético del cine.

-En tu obra está presente la literatura, la afición y el gusto por la poesía. Siempre me pareció que en algunos realizadores hay una ligazón muy fuerte entre poesía y cine.

-Sí, el cine cobró carriles muy narrativos. Y parece que esos carriles narrativos se hicieron exclusivos y excluyentes. Me parece que lo que podríamos llamar mirada poética o ámbito poético tiene en el cine una opción muy poderosa. Yo vengo de la literatura y muchos de mis trabajos tienen que ver con poetas. Allí hay una intersección posible, entre el cine y la literatura, no como adaptación.

-¿Y donde te sientes más cómodo, en la literatura o en el cine?

-Yo me siento muy cómodo en las dos, pero en este momento, más en el cine. Pero en este cine del borde, alternativo. Para mi el arte es experimentación, con riesgo al fracaso.

-Y tu película es arriesgada.

-El riesgo es muy bonito. Me parece que la repetición de los modelos es un lugar incómodo. Y además no hay nada que asegure la repetición del modelo y me aburriría hacerlo. El arte es un lugar de búsqueda y es desde la indagación de la realidad donde uno puede formularse preguntas sobre el mundo y sobre uno mismo.

-Pero qué difícil es saber qué es la realidad…

-Es imposible saberlo, pero a veces creemos que lo sabemos todo. Hay relatos que parecen responderlo todo (risas). Es muy complejo, es una cuestión filosófica arriesgada.

El árbol

El árbol es una película minimalista, conmovedora, de atmósferas, construida de fragmentos de miradas y que involucra a una pareja Mary de 67 años y Julio de 69 que no se ponen de acuerdo si una acacia frente a su casa está seca o no. Lo llamativo es que Mary y Julio no sólo no son actores profesionales sino que son los padres del mismo Gustavo Fontán...

-¿Es esta una historia personal?

-Todos los elementos de la película pertenecen al mundo real de los personajes. Por ejemplo, los sueños que cuenta Mary, son los sueños de Mary. La discusión sobre las acacias es una discusión real, el hermano es el hermano. Hay como toda una observación real y desde allí armé una estructura de guión. Pero no hay nada impuesto sobre esa estructura que le sea ajeno de verdad al mundo de esos personajes.
Me interesaba mucho esa intersección donde la imposición de una estructura de ficción y una mirada estética muy definida, podría cruzarse con lo real. Esa zona de cruce, de intersección donde hay unas huellas de lo real muy poderosas, pero por otro lado hay una estructura, un conflicto de ficción. Partimos con una estructura general, en la que no estaban todas las secuencias, era abierto. Yo sabía que lo podía filmar en un primer año porque tenía todas las estaciones, pero si probablemente algo me faltaba, tenía un segundo año.
Rodábamos 20 días por mes y yo quería, como parte del proyecto, las luces de las estaciones, no íbamos a producir luz. Esperábamos el momento del día en que la luz del patio estuviese como necesitábamos. Trabajé directamente con mis padres en su casa. Sabía que eran los únicos rostros con que se podía filmar esta película

-¿Cuánto tiempo duró el rodaje?

-Fueron casi dos años de rodaje. Paralelamente íbamos editando. Al término del rodaje (18 horas de filmación) el filme estaba prácticamente montado, el armado de imágenes, no el sonido. Para esto se necesita un grupo muy comprometido, que no pierda el compromiso con la película. Ya habíamos trabajado juntos y es un grupo maravilloso.

-¿Y las acacias, están realmente frente a la casa?

-Claro (risas).

-Y ellos qué decían, cómo lo tomaron.

-¿Qué estamos haciendo Gustavo?, decían. No entendían bien. Yo fui aprovechando de mi madre lo que yo creía que ella podía darme. Por ejemplo, cuando ella cuenta algo, le agrega una pizquita de algo mágico y eso lo tomamos. Mi padre tiene una serenidad tal que si yo le digo: párate y mira la lluvia, él la mira sin problemas. Que fueran mis padres yo creía que no era importante en relación al relato, porque no estaba yo. Fue una experiencia muy intensa

-¿Estás de acuerdo en que esta película tiene una mirada documental?

-Podría ser, para muchos es documental. Yo no lo sé. En el fondo es lo mismo, porque me parece que si las pensamos como categorías absolutas, documental y ficción, cerradas y clausuradas, nos perdemos de pensar las intersecciones que es donde creo que se da un juego muy rico de posibilidades. En la medida que las aislamos, nos perdemos ese juego. Este es un filme que invita a penetrar universos de silencios, murmullos, sensaciones, nostalgias…

Efectivamente. Nuestro propósito era el asombro frente a lo cotidiano. Nos dimos cuenta que en el fragmento recuperábamos luces, la posibilidad de maravillarnos, de encontrar determinadas bellezas. Y eso está logrado. Eso nos permitía desligarnos de la acción. No mirábamos que Mary colgaba los pullovers, tratábamos de encontrar poesía en el hecho que ella los colgaba. Ese era el lugar en el que nos colocábamos para pensarlo.

-¿Y cómo fue la recepción del público en Argentina?

-Buenísima. Claro, no es una película para público masivo, pero estuvo 7 semanas en cartelera en Buenos Aires y eso es casi milagroso. Eso fue muy bueno, con 3 copias y una crítica unánimemente favorable. Yo pensé que podría ser más polémico, que la crítica iba a dividirse y no fue así.

-Eso habla muy bien del público en Buenos Aires.

-Sí porque en 3 salas la vieron unas diez mil personas y luego estuvo en el interior. Normalmente estas películas duran un par de semanas, que es lo que nos garantiza el INCAA, como cuota de pantalla. Y la crítica también ayuda. El Amante fue el que arrancó con la crítica. Y cuando publica dos comentarios, normalmente uno es favorable y el otro no. En este caso fueron favorables los dos. La publicación salió como un mes antes que la película se estrenara y eso marcó mucha tendencia.

-¿Cómo ves al cine argentino?

-Creo que hoy hay en líneas generales algo muy interesante y es que no existe la industria en el sentido que entendemos industria, fijando parámetros, directrices. Cada uno hace la película que cree que tiene que hacer. Entonces me parece que hay una gran pluralidad, una diversidad de películas, de miradas, de relatos, algunas mejores, otras menos, otras fallidas. Es lo que me parece que debería conservar el cine.

-Tu dedicación a la docencia es otra de tus facetas…

-Soy docente desde hace 20 años en la Universidad de Lomas de Zamora y en Centro de Investigaciones en Video y Cine, hago seguimiento de tesis de los alumnos que egresan, desde el desarrollo del guión al montaje. Esto me permite renovarme en el contacto con los jóvenes. Me permite reflexionar y siento una responsabilidad frente a ellos de poder acompañarlos. Me gusta mucho. Algunos ya hicieron sus largos como es el caso de Ezequiel Acuña, con Nadar solo y Como un avión estrellado.
Hay una inmensa cantidad de estudiantes de cine en la Argentina. Y los jóvenes traen todo su empuje y buscan su lugar para hacer cosas. Cada corto de los estudiantes, tiene que ver con una búsqueda. Es muy positivo todo. Eso sí, trato con mis alumnos de instalar constantemente el debate sobre cuál es el cine posible para hacer en nuestro país. Cómo se vincula ese cine con nuestras experiencias y con nuestras posibilidades de producción.
Si no nos preguntamos esto seriamente corremos el riesgo de adoptar los modelos "exitosos", hegemónicos, sin cuestionamiento y sin entender que ese camino nos lleva a la frustración de manera irremediable. Los futuros cineastas están en las escuelas. El proceso de renovación viene.

martes, 1 de enero de 2008

Thorpe Running, un amigo...

THORPE RUNNING nació y vive en los Estados Unidos pero se dedicó buena parte de su vida a investigar, escrbir y enseñar sobre la literatura latinoamericana, fundamentalmente la poesía. Como es una de las personas más generosas que conozco y es para mí un profundo ejemplo de amor a la vida, me da mucho placer compartir con todos lo que Thorpe escribió sobre El árbol.

Gustavo

El árbol, un film de Gustavo Fontán

Esta magnífica obra empieza con bellas imágenes de la madre lavando ropa, que nos predicen la importancia de lo visual en esta película.
María, la mujer, es la madre real del autor de la película, lo mismo que el padre, lo que implica la hondura de sentimiento contenido aquí. Pronto hay una escena con el padre probando un sinfín de gafas extrañas pero sin encontrar las suyas.
Esto puede ser una metáfora para su necesidad de aclaración durante la película. El argumento del film se centra en el futuro de los árboles en el jardín. Uno parece estar sin vida pero el padre no quiere admitirlo. Todo esto está disperso -- las escenas saltan, de alguna manera, a diferentes perspectivas, mostrando la vida lacónica de la casa. La madre está convencida de que el árbol está muerto-- dice que hay babosas en un hueco y luego la cámara nos las muestra.
El sentido de nostálgia que subyace en el film crece cuando vemos a los padres mirando diapósitivas de los hijos chicos. Esto les da un sentido de juventud y el paso del tiempo más lento, que contrasta con la situación del árbol que ha estado muriendo lentamente. Un experto viene y confirma que el árbol está muerto pero el padre no puede aceptar el fallo. La madre, con su hermano que está de visita recuerda mucho a su família en el pasado, aumentando el sentido de nostálgia.
Llueve fuertemente y vemos el árbol en frente de la casa. Muchas veces, después de la lluvia hay imágenes de la madre barriendo hojas en el patio que para nosotros es un símbolo del paso del tiempo y de la vida, pero también como un contraste con la falta de producción de hojas del árbol muerto. La madre insiste en remover el árbol muerto y quiere hacer planes para llevar eso a cabo. Pero por fin llueve otra vez, una tormenta, y el árbol no la sobrevive -- se ve inclinado sobre el árbol vivo. El padre sale para verlo y tiene que quitarse una lágrima.
Para deshacerse del árbol muerto, el padre lo lleva al patio donde lo corta en pedazos y lo quema todo estoicamente. Y con esto se acaba el film. Varios elementos de "El árbol" determinan por qué nos afecta tan hondamente. Por ejemplo, el hecho de que el compositor del film está revelando algunos aspectos íntimos de su propia familia nos interesa mucho. La interacción entre los tres protagonistas -- Madre, padre e árbol nos cautiva también.
La semejanza entre su apariencia fisica, por ejemplo, está representada muy claramente. Las arrugas de las manos, y especialmente las de la cara del padre se parecen exactamente como las de la corteza del árbol y también con la piel de la madre. Otro elemento de suma importancia es la cinematografía que en este film es excepcional, mostrándonos, muy líricamente, detalles y efectos intensos. Aunque un poco lenta, esta película de Gustavo Fontán es una pequeña obra maestra, especialmente en su aspecto visual.

domingo, 9 de diciembre de 2007

PREMIOS CLARIN 2007 ... EL ARBOL, NOMINADA

2007 ha sido un buen año, sin duda. "El árbol" se proyectó en varios festivales internacionales, tuvo críticas excelentes, y fue vista por miles de personas. También comencé el rodaje de "La orilla que se abisma", un filme sobre el poeta entrerriano Juan L. Ortiz que espero estrenar el año próximo.

Sin embargo, 2007 no termina de asombrarme por su generosidad...

"El árbol" también a sido nominada para los Premios Clarín de este año. El próximo 17 de diciembre en el Luna Park, se otorgarán los premios votados por un jurado de más de 800 personas entre el Jurado de Honor, Periodistas Invitados y del Diario Clarín.

Y lo sido en 2 rubros: el de MEJOR FOTOGRAFIA, para Diego Poleri -ha hecho un trabajo increíble que bien merece ser galardonado-, y el restate, REVELACION MASCULINA, para Julio Fontán, mi padre, que tanto él como yo, jamás hubiéramos esperado.

Nos vemos después del 17. Quizás para festejar, o tal vez para contarles algo nuevo que seguramente nos deparará este 2007 tan generoso.

Gustavo

domingo, 18 de noviembre de 2007

"Perlas del 2007"... Una buena noticia para cerrar el año

Les había prometido encontarnos luego del Festival de Cine Latinoamericano de Trieste (Italia), y aquí estoy.

"El árbol" no obtuvo premios, como seguramente sabrán. Pero fue muy bien recibida por el público y la crítica. Y eso para mí es lo que importa, porque es lo que verdaderamente me impulsa a seguir este camino independiente que comencé hace ya tantos años.

No obstante, a mi regreso me encontré con una excelente novedad: El Ministerio de Cultura del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, a través de la Subsecretaría de Patrimonio Cultural y la Dirección General de Museos, había incluido "El árbol" dentro del ciclo “PERLAS DEL 2007”, que organiza el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken..

Como todas las obras del ciclo son excelentes, me pareció apropiado publicarlo en mi Blog. Se presenta todos los miércoles de Noviembre y Diciembre a las 20hs en el Auditorio del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal (Av. Corrientes 1441) con entrada libre y gratuita.

Espero que lo disfruten... Nos vemos pronto. Un abrazo.

Gustavo

NOVIEMBRE

Miércoles 07

Madres con Ruedas (19 de Abril de 2007, 70 min) – Dirigida por Mario Piazza y Mónica Chirifé.

Mónica contrajo poliomielitis a los siete años, durante una de las epidemias nacionales, en 1957. A pesar de que la enfermedad la confinó a una silla de ruedas, con gran dificultad en la movilidad de sus cuatro miembros, Mónica se ha desempeñado como maestra particular de inglés, y, más importante, ha sido mamá de una niña que hoy tiene 15 años. "Madres con ruedas" pone en primer plano los alcances del cine documental, entendido éste no como un recorrido informativo, sino como un cruce de numerosos aspectos (...) De una gran fuerza interior, que conmueve desde su tratamiento sin imposturas (...) Mónica y Mario nos invitan a compartir su deseo por la vida, por las vocaciones, por los afectos”. Emilio Bellon, Diario Rosario/12. Mención del Jurado, 25º Festival Internacional de Cine de Uruguay

Miércoles 14

Los próximos pasados (14 de Junio de 2007, 85 min) – Dirección y guión: Lorena Muñoz
Argentina, año 1933.

El artista plástico David Alfaro Siqueiros, pinta el mural "Ejercicio Plástico", en el sótano de la mansión del empresario Natalio Botana. Setenta años después, nos sumergimos en el dramático recorrido de la obra que, desmontada y mutilada, yace encerrada en containers a merced del paso del tiempo. “Entre los límites del documental y la ficción, una preocupación auténtica hacia el olvido es el motor de sus relatos. En ellos la cámara explora y reconstruye a cada instante, desde las cenizas, las huellas de un pasado enterrado en la memoria, resistiendo el curso inexorable del tiempo, como un testimonio contra el abandono y la indiferencia cultural que cicatriza en las heridas del presente. Y en medio de ese torbellino, amalgamándolo todo, la pasión de una realizadora que filma desde las entrañas” Pablo Acosta y Federico Godfrid (Site Grupo Kane) Premio del Jurado, Festival de Toulouse; Premio Fipresci 8º Bafici

Miércoles 21

Las mantenidas sin sueños (26 de Abril de 2007, 97 min) – Dirección y guión: Vera Fogwill y Martin Desalvo. Con: Lucia Snieg, Vera Fogwill, Mía Maestro, Mirta Busnelli, Edda Diaz, Elsa Berenguer, Gaston Pauls.

Una madre joven, Florencia (Vera Fogwill), que no sabe qué hacer con su hija. Eugenia (Lucía Snieg), su hija, de 10 años, que sí sabe qué haría siendo madre. Cocaína y embarazo. Feminidad. Menstruación y un parto. Aquí ninguna puede nada sola. Juntas pueden llegar a soñar aunque sólo sea algo. “Si bien el relato parece sombrío, Fogwill y Desalvo se las ingeniaron para no darle respiro al espectador. Su filme es una sucesión de secuencias dramático-humorísticas que despiertan tristeza e invitan a reír, pero con dolor a partir de unos diálogos tan filosos, como las personalidades de las protagonistas. Excelenes resultan la misma Fogwill, Lucía Snieg, Mirta Busnelli y Edda Díaz”. Juan Carlos Fontana (La Prensa) Premio del Público, Fics Madrid 2007

Miércoles 28

Hacer Patria (9 de Agosto de 2007, 127 min) – Dirección David Blaustein

En la década del ’20, un judío como tantos parte de algún puerto de Europa junto a su familia con la esperanza de encontrar en la pampa bonaerense el porvenir de su ilusión. Sus hijos, y los hijos de sus hijos, la familia que lo sucede, desarrollarán su vida en la Argentina con la caracterización humanista de sus integrantes. Compartiendo la devoción por el origen de su identidad, por el país donde viven y la pasión por cada una de las actividades que los acompañan hasta hoy. “La historia humana es una especulación, hasta que te pasa por arriba de la cabeza", dice un hermano de David Blaustein hacia el final de Hacer patria y, sin saberlo, alude a dos logros de este documental: hacer que la historia del siglo XX pase por encima de nuestras cabezas a través de la reconstrucción de una familia ajena, la del director; y provocarnos el deseo de recuperar las huellas de la propia -sobre todo si uno es descendiente de inmigrantes-: para tratar de entender; para rescatar; para cambiar el olvido, la nada, por el sentido”. Miguel Frias (Clarin) Selección Oficial Festivales de Tribeca y Guadalajara

DICIEMBRE

Miércoles 05


El Arbol (1 de Febrero de 2007, 65 min) –Dirección y guión: Gustavo Fontán
Con Julio Fontán y María Merlino

Frente a la casa de María (67) y Julio (69), hay dos acacias, muy viejas. Sus ramas están enlazadas y parecen formar una sola copa. Una de ellas tiene toda la apariencia de estar seca. Cuando llega la primavera y reverdecen, no es posible distinguir si las hojas crecidas son de uno o de los dos árboles. María y Julio discuten: ella cree que está seca y que hay que tirarla abajo; teme que se pueda caer sobre alguien. “El árbol es uno de esos diamantes frágiles, luminosos y casi secretos que cada tanto el cine argentino entrega, y de los que películas como Hamaca paraguaya y Porno son muestra reciente. No hay una sola imagen de El árbol que no haya sido tomada de la realidad. Es más: el entorno, la argamasa con la que Fontán trabaja, es fácilmente adscribible a un realismo barrial argentino, con casas viejas, patios, glicinas, la presencia de los vecinos y la cocina como núcleo cotidiano”. Horacio Bernades (Página/12) Competencia Argentina, Bafici 2006, Selección Pantalla Pinamar.

Miércoles 12

Roots time (18 de Enero de 2007, 75 min) –Dirección y guión: Silvestre Jacobi
Con: Woolton “Jah Bull” Harrison, Llewelyn “Baboo” Samuda, Luis “Farmer Roots” Christie, Brenda “Ex” Finlayson.

Roots time es la historia de “Jah Bull” y “Baboo” dos rastafaris que venden discos LP en un viejo y colorido auto por los poblados del campo en el interior de Jamaica, por casualidad “Farmer Roots” su favorito y conocido locutor de radio les hace dedo en una emergencia por llevar a su novia enferma a un hospital. “Jah Bell” y “Baboo” por sus principios rastafaris no creen en la medicina tradicional y convencen a “Farmer Roots” de llevar a su novia enferma a un reconocido doctor herbalista. Llegar al doctor herbalista “Bongo Hu” resulta mucho más difícil de lo que esperaban y todo tipo de aventuras surgen en el camino.
“Roots Time es, afortunadamente, el resultado de la improvisación de su director a la hora de estructurar un guión sobre la marcha, que fue desarrollando a medida que descubría el universo rastafari, y de sus protagonistas. "Armar una película es como armar un rompecabezas, toma por toma", dice el director. El reggae es tema, inspiración y fundamento de Roots Time , que fue filmada casi en su totalidad en Nine Miles, el pueblo donde nació Bob Marley. El joven cineasta hace un recorrido semidocumental, con actores que en realidad no son profesionales, sino que se interpretan, en buena medida, a sí mismos (algunos son agricultores; otros, músicos), que aportaron una efectiva dosis de credibilidad y frescura al relato. Para Jacobi era prioritario poner en primer plano la cultura rastafari con sus personajes, con su estética, con sus colores y, fundamentalmente, con su música, que finalmente convencen de que lo visto, en tanto pintura de un paisaje y estilo de vida, es valioso”. Claudio Minghetti (La Nación) Mejor Película, Portobello Film Festival, Inglaterra. Selección Festivales de Sofia, Kara y Asunción.


viernes, 2 de noviembre de 2007

Trieste: "Mañana es el día"


Luego de Valdivia (Chile) y Vancouver (Canadá), nos vamos a Trieste, con "El árbol" a cuestas.

Una nueva oportunidad... Y las esperanzas intactas. Como la primera vez.

Nos vemos después del 11. Prometo reseñarles todo lo vivido a lo largo de este año con "El árbol", y adelantarles algo acerca de mi nuevo trabajo sobre el poeta Juan L. Ortiz.

Un gran abrazo.

Gustavo.

sábado, 20 de octubre de 2007

Entrevista a Gustavo Fontán (Cinefreaks)

La presente entrada reproduce la nota realizada al director, por el crítico de cine Pablo Arahuete, publicada originalmente en http://www.cinefreaks.com.ar/, sección "Especiales".


Por Pablo Arahuete

Fue gracias al BAFICI que Cinefreaks tuvo la suerte de poder acceder al filme El árbol (más tarde estrenado comercialmente), el sensible y reflexivo largometraje de Gustavo Fontán sobre el tiempo, la vida y la muerte. El tiempo pasó, y también un pedacito de la vida, y por fin pudimos conocer a este gran realizador a través de una extensa charla virtual que invita a explorar un caudal artístico -dentro de la poco reconocida cinematografía nacional- por el que vale la pena navegar.

La otra orilla del cine independiente argentino

Cinefreaks: Quisiera que nos detengamos por algunos instantes en un trabajo tuyo llamado Canto del cisne. Me parece que quizás allí se encuentre el germen de tu poética, que luego desarrollaste de manera más extensa en tus largometrajes Donde cae el sol y El árbol: la soledad, la enajenación y por último la imposibilidad de comunicarse con el otro. ¿Es la cultura ese otro social que nos hace fracasar en nuestro intento de ser libres?

Gustavo Fontán: Muchas veces a lo largo de la vida me hice una pregunta: ¿Qué se puede conocer del otro? Cada vez que encaro un trabajo sobre algún escritor vuelvo a formulármela: ¿Qué significa acercarse, conocer, saber algo del otro? Normalmente el interrogante me lleva a búsquedas diferentes, porque no hay una sola respuesta. Es más, probablemente las respuestas sean lo menos importante, porque la pregunta misma habilita, si no se responde con un molde, distintas posibilidades de relatos.

En El árbol cada uno de los personajes tiene una posición diferente frente a lo “real”. Probablemente cada uno de ellos esté solo en su convicción. En Donde cae el sol la pregunta sobre el otro tuvo una formulación diferente. Me interesaba indagar sobre la repercusión que provoca la acción de una persona sobre otra, aún involuntariamente, sin proponérselo. El hijo acciona creyendo hacerle un bien al padre y en verdad lo está empujando al abismo. En definitiva, la vida de uno, me parece, es también vida de los otros. Y no creo que esto nos haga menos libres. Nos hace humanos.

Por otro lado, el tema de la muerte siempre está presente en tus historias, pero no desde el enfoque convencional sino que subyace internamente como parte de un tiempo; como parte de una pérdida, simplemente algo que tiende a desaparecer. ¿Vos habías elaborado de antemano el desenlace del personaje de Enrique en Donde cae el sol, o la repentina muerte de De Grazia te obligó a replantear ese final? En ese caso.

No, el final era ése desde el principio. El personaje se entrega, se deja morir, estaba en el guión. Alfonso murió un tiempo después del rodaje sin ver la película terminada.

C: ¿Cómo fue lidiar con un hecho que se planificó en la ficción y por esas cosas del azar termina concretándose en la vida real?

GF: Su muerte nos provocó una gran tristeza. Era un ser absolutamente querible. Como Enrique, el personaje de Donde cae el sol, tenía una gran vitalidad. Y que la muerte irrumpa así, tan “vitalmente”, por decirlo de alguna manera, es muy perturbador. También Calvetti era alguien de una gran vitalidad que paradójicamente nos enseñó mucho sobre la muerte. Me acuerdo que un día me dijo que varias personas le preguntaron por qué hablaba tanto de la muerte en sus poesías. Y él les respondió que simplemente porque amaba la vida.

La copla que recita en el documental me parece muy profunda: “Para que sea tu vida/ más profunda y más hermosa/ mírala con dolorosa/ mirada de despedida”.

C: Tengo entendido que tu próxima película, cuyo título tentativo es La orilla que se abisma, gira en torno a la poesía del entrerriano Ortiz. ¿Por qué la elección de este poeta? ¿Tiene alguna relación con Calvetti, el poeta jujeño que documentaste en El paisaje invisible?

GF: Ante la pregunta qué se puede conocer del otro, tomamos en este caso un camino diferente. A diferencia de El paisaje invisible, donde lo teníamos a Calvetti, acá debíamos acceder a Juan L. desde la ausencia. ¿Será posible, nos preguntamos, mirar el paisaje de Entre Ríos –partiendo de algunos principios estéticos del poeta- de modo que la película sea testigo de este diálogo con Juan L.? El principio estético lo encontramos en sus propias palabras. En un reportaje habla sobre Puerto Ruiz, su lugar de nacimiento: “Al amanecer, cuando el sol estaba rasante iluminaba parte de la vaca y parte de mi madre agachada ordeñando. A mí me impresionaba mucho porque se levantaba en ese tambo mucho vapor. Entonces todo se irisaba, se hacía un mundo de color muy tenue, hermoso: las vacas parecían una niebla”. Y tiempo después, en otro reportaje, afirma: “Se trata de cierto sentido brumoso que disuelve el contorno de las cosas para hacer sentir la unidad viviente”. Así comenzó el viaje: tal vez un acercamiento cinematográfico a la poética de Ortiz, más que a Ortiz.

C: ¿Cuáles son las limitaciones del lenguaje cinematográfico (si es que las hay) para trascender el ámbito de la poesía; la imagen cristaliza o amplifica el significado?

GF: La verdad es que creo que el lenguaje cinematográfico tiene un gran carácter poético. Esto daría para largo, pero yo confío en la capacidad del cine para amplificar el sentido, no para volverlo literal y clausurarlo.

C: Retomando la idea de El paisaje invisible, donde creo que la originalidad de tu enfoque obedece a plantear una estructura de viaje de regreso a través de los recuerdos de Calvetti, la pregunta sería ¿vos preferís un camino de impresiones o sensaciones más que un recuento biográfico?

GF: Sí. La biografía me resulta más interesante en los libros. No digo que no sea un acceso posible al otro, pero ese conocimiento que se pretende objetivo muchas veces me parece una gran trampa.

C: ¿Te considerás parte del nuevo cine argentino desde el punto de vista de tu independencia y forma de producción, o preferís que no se te encasille en ese grupo?

GF: La verdad es que no entiendo mucho de categorías. Normalmente son útiles como punto de partida para pensar una problemática, pero la mayoría de las veces clausuran la comprensión del dinamismo de los hechos. La verdad es que hago el cine que puedo hacer, y ésta es mi preocupación constante: ¿Cuál es el cine más sincero que puedo hacer?

C: ¿Qué tipo de propuestas te resultan menos atractivas?

GF: Me gustan las propuestas que comportan una búsqueda. Me gustan las propuestas que me respetan, puesto en espectador, y me consideran sujeto y no objeto de consumo.

C: ¿Cómo es tu relación con el INCAA; apoya tus proyectos?

GF: Debo ser sincero, el INCAA apoyó normalmente mis proyectos. Es verdad que desde las pocas necesidades que plantean estas películas, pero casi nunca le dieron la espalda. Ahora mismo acaba de declarar de interés La orilla que se abisma.

C: ¿Qué faltaría dentro de las políticas de este organismo para apoyar este tipo de cine con propuestas estéticas difíciles y a veces arriesgadas?

GF: Lo que sí me parece problemático, y debería abrirse una gran discusión hacia el futuro para el cine argentino en general, es el tema de la exhibición. Ahí estamos en una encerrona difícil de resolver.

C: Sería muy interesante que amplíes un poco más el tema de la exhibición, porque si bien es algo que dentro del ámbito del cine se conoce , creo que el público en general no tiene dimensión de la importancia de que se vea cine argentino para producir más cine argentino. Creo que vas a coincidir conmigo en que el argumento de la rentabilidad es muy peligroso y atenta contra la creatividad del director.

GF: Coincido plenamente con vos. Desde hace un tiempo una de las principales estrategias de marketing de las grandes productoras norteamericanas pasa por la enunciación de cuánto se gastó, cuánto se ganó y cuántos espectadores la vieron. E inmediatamente esto se transforma en elemento casi definitivo de valoración. Igual que el tema del rating en televisión. Se desplaza un gran efecto publicitario que en el fondo siempre es ideológico. El problema de la exhibición atravesada por el negocio solamente es que impone un único relato, un relato hegemónico; nos hacen creer que elegimos pero es una ilusión. Sabemos muy bien que los relatos no son inocentes. Me parece que la multiplicidad real, las variantes, la capacidad de experimentación, es lo que deberíamos defender.

C: Vos antes mencionaste al Gustavo Fontán espectador, ¿cómo conviven el espectador y el director a la hora de encarar un proyecto?

GF: Probablemente uno haga como director la película que le gustaría ver como espectador. Como espectador yo espero del cine, como de un buen libro, que me altere, me perturbe, me haga pensar en algo, me modifique en definitiva. Cuando me lo dan todo cerrado, clausurado, empaquetado, me siento traicionado. Y no me olvido de esto a la hora de pensar mis proyectos. Es lo que entiendo como respeto hacia el otro.

Ayer por casualidad me topé con un documental sobre Juan L. Ortíz. Se llama Yo fui río, y vi un fragmento en el canal Encuentro. Fue muy raro porque al ver una foto del lugar que vos mencionás, ese puerto, supe instantáneamente que se trataba de él y luego vinieron unos versos leídos en off y unas fotos de un río con sus orillas. Entonces entendí de golpe la relación directa con Calvetti, no sólo por su visión de la naturaleza sino por cómo veían la vida.

Hay algo muy interesante en lo que decís. Calvetti, mientras grabábamos, me dijo: "Yo dormí muchos años en Buenos Aires, pero vivir, viví siempre en Jujuy". Él regresó a su "patria", su tierra, su casa natal. Ortiz prácticamente no se movió de su tierra entrerriana. Como si dejara que las raíces vayan bien al fondo, sean regadas constantemente por sus ríos, para dar un árbol, que siendo esencialmente entrerriano, es universal.

viernes, 12 de octubre de 2007

De regreso a casa


El director argentino Gustavo Fontán cuenta cómo regó por dos años "El árbol"
Miércoles 10 de Octubre de 2007

Por Felipe Vásquez, enviado especial a Valdivia

VALDIVIA.- No fue falta de presupuesto ni problemas en el reducido equipo, fue así como se planteó desde un primer momento el atrevido proyecto “El árbol”, la contemplativa película experimental del cineasta argentino Gustavo Fontán, que participó en la competencia oficial del Festival Internacional de Cine de Valdivia.

La película tiene como protagonistas a María y Julio, una pareja que entra en la tercera edad y cuyo paso del tiempo notan en los dos árboles que están plantados afuera de su casa. Están tan juntos, que es difícil distinguir de cuál son las hojas, pero mientras María insiste que el árbol está seco y hay que derribarlo, Julio lo riega con la esperanza de que se mantenga con vida.

“El árbol es una película que rodamos a lo largo de casi dos años un pequeño equipo. Nos dimos cita dos o tres días por mes junto a dos árboles. Nuestra intención era fundamentalmente recuperar el asombro por esas cosas cotidianas, esas cosas que están al lado nuestro y que no vemos. Esos árboles que están frente a la puerta de esos protagonistas, como a la puerta de la calle de cualquiera de nosotros. Están allí, pero no los vemos más, hasta que en algún momento por una circunstancia específica –quizás uno de ellos está muerto- volvemos a verlos. Nuestra búsqueda era indagar en las cosas, en la luz, y volver a recuperar esa serena alegría que provoca el reencuentro con las cosas cercanas”, explica su director.

El extenso calendario por el cual se expandió el rodaje de la película, no fue un simple capricho del realizador, que tuvo razones fundadas a partir de su búsqueda para tomar ese largo camino.

“Esos dos años eran parte de la planificación. No era porque no teníamos dinero y nos íbamos atrasando, sino que el proyecto era de esa manera. Nosotros teníamos la estructura general de la película, la idea estética, el tema, pero no teníamos todas las secuencias”, explica el cineasta.

Fontán agrega que “nuestra intención era no producir la luz, no iluminar, sino que esperábamos pacientemente la luz que necesitábamos para la escena que íbamos a rodar. Nosotros filmábamos, editábamos y pensábamos; filmábamos, editábamos y pensábamos. Un periodo de reflexión muy serio teníamos después de cada encuentro. Yo sabía que al final del primer año íbamos a tener una estructura, pero que era posible que nos diéramos cuenta que nos faltaba una secuencia de otoño o una secuencia de primavera, y que no íbamos a producir la luz para esa secuencia, sino que había que volver a esperar la estación que correspondía”.

La idea central del realizador de esta película, que entre otros festivales también fue presentada en Buenos Aires y Tribeca, es la de “un encuentro con lo real”. La cinta significa también un cambio respecto a la narrativa más convencional que había utilizado en su primer largometraje, “Donde cae el sol”, aunque el propio realizador explica que su carácter experimental fue forjado a través de diversos documentales de poetas argentinos que ha realizado en el último tiempo.

“En general tengo procesos muy largos, pero no puedo hacer sólo una cosa a la vez. Entonces lo que pasa es que normalmente tengo películas en distintas instancias. Yo en este momento estoy terminando el sonido de un documental que se llama ‘La orilla que se abisma’ y estoy escribiendo y comenzando la indagación, con el mismo equipo de ‘El árbol’, de un nuevo largometraje de ficción que se llama ‘La madre’”, detalla el realizador, quien se mostró agradecido por la buena respuesta que tuvo su película ante un público especialmente joven en Valdivia.