martes, 11 de noviembre de 2008

La orilla viaja al Festival Internacional de Cine de Cuenca (FICC)

La orilla que se abisma viajará a Cuenca, Ecuador, en el marco de la Séptima Edición del Festival Interncional de Cine (FICC), que se desarrollará entre el 13 y el 20 de noviembre.

El festival es organizado por la Corporación Ecuatoriana de Artes Cinematográficas con el aval del Ministerio de Educación, el Ministerio de Cultura, y la Universidad de Cuenca, junto al apoyo de varias instituciones públicas y entidades privadas.

El Festival cuenta con las siguientes secciones:

* Competencia Oficial de Largometrajes
* La Música y el Cine
* Visión Latinoamérica
* Retrospectiva
* Los premios otorgados por el festival son para:
* Mejor Película
* Mejor Director
* Mejor Actuación
* Mejor Guión
* Mejor Fotografía
* Premio del Público
"La orilla..." participará de la Competencia Oficial.

viernes, 24 de octubre de 2008

La orilla que se abisma, en la SEA

Están todos invitados. Los esperamos...

Gustavo.

sábado, 11 de octubre de 2008

La orilla que se abisma, por Román Cárdenas

Sí, estamos todos cansados y nos olvidamos demasiado del oro del otoño. Acaso la revolución consista en lo que el hombre por siglos ha estado postergando: la necesidad del verdadero descanso, el que permite ver como crecen, día a día, las florcitas salvajes.

- Juan L. Ortiz -

Riesgo, humildad, poesía, sensorialidad, evocación, misterio… son parte de los enormes atributos de “La Orilla que se Abisma”. Uno intuye desde el inicio del film la descomunal sensibilidad de Gustavo Fontán, ya desde el momento mismo de su empresa.

No es un documental sobre la vida del genial poeta entrerriano; tampoco una ficción radical basada en su vida y obra. Es mucho más y mucho menos que eso: un diálogo. Diálogo de formas, sin palabras; una consumación basada en la pesquisa: una confirmación; dos universos que, desde la autonomía de su arte, se aúnan, se besan y se entretejen.

El calor y el olor de la siesta litoraleña, un gato en un patio que, como tantos, no tiene límites definidos sino una circunspección regida por una maleza domada, más baja, que alguien, en el pasado ya, alguna vez desmalezó y que termina sobre los árboles que dan a la suave barranca, silvestre y mansa que da a su vez a la costa (la orilla) con su pequeño pero infaltable cinturón de arena que muere y renace (que se abisma) sobre el Río Paraná.

Una canoa que se hamaca sobre la luz frágil que el río en su reflejo devuelve al sol, guarda en su interior un par de remos para nadie. El sonido es el ruidoso silencio de la vegetación arcaica, que invade de a poco y en el que junto a la imagen sin saberlo aún vamos penetrando para llegar a la esencia misma de las cosas.

Y ahí aparece Ortiz, en espíritu. Acaso la genialidad de “La Orilla que se Abisma” sea este diálogo consumado. Un diálogo con las formas fantasmales de los árboles fuera de foco y una casa que emula la presencia de Ortiz valiéndose de recursos tan inteligentes como netamente cinematográficos. Un material de archivo, en super 8, se suma a la conversación como vestigio de alguien que tuvo similares móviles.

Fontán propone un diálogo de preguntas sin respuestas, quizás porque la Orilla se abisma en el misterio, ese mismo misterio que para Ortiz es fundamento y elemento de la verdadera revolución del hombre. Y si estamos todos un poco cansados y nos olvidamos demasiado del oro del otoño la anulación de todo canon clásico de representación hará que el cine renazca en su máximo esplendor, demostrando no sólo el tino y la valentía de un cineasta coherente y concreto, ni la vigencia y premonición de un poeta fiel a sus principios sino, y sobretodo, la confirmación de que el cine pequeño y autónomo es el Cine en mayúsculas; aquel que no reconoce aún sus propios límites sino que, lejos de eso, en sus orillas se abisma cada vez más rumbo al misterio.

Román Cárdenas

domingo, 21 de septiembre de 2008

Rosario, nueva escala...

"La orilla.... " llega a Rosario. Se proyectará en el Museo del Diario La Capital, el miércoles 24, el sábado 27 y el domingo 28 de septiembre próximos.

Al cierre de la proyección del día sábado, Fontán coordinará un debate con el público.

Nos vemos pronto!

domingo, 14 de septiembre de 2008

Las puertas de la percepción

DIARIO "LA VOZ DEL INTERIOR" - CRITICA

AUTOR: ROGER ALAN KOZA

CALIFICACION: **** (Muy buena)

LAS PUERTAS DE LA PERCEPCIÓN

El árbol fue una película notable y su director parecía un solitario en un ecosistema desentendido de cualquier búsqueda poética en el cine. La orilla que se abisma confirma la belleza de su radical singularidad, y las posibilidades del cine cuando éste va más allá de la dictadura del relato.

Proscripta de la cotidianidad, depreciada por su carácter antipragmático y no lucrativo, o, todavía más escandaloso, apropiada para exaltar lo kitsch de lo que se codifica como bello en nuestra sociedad del espectáculo, la poesía es un género fantasmal, en vías de extinción, aunque es posible que sin ella nuestro modo de habitar el mundo sería brutalmente indolente, casi inhumano.

La nueva película de Gustavo Fontán es un riguroso ensayo poético sobre la obra del poeta entrerriano Juan Laurentino Ortiz (1896-1978), más conocido como Juanele. No se trata de una evocación atroz como se hiciera en algún momento con Oliveiro Girondo en nuestro cine, o de un cuento ingenuo sobre algún momento en la vida del poeta, como se hizo con Neruda.

Fontán elige el camino menos transitado: traducir una experiencia verbal en imágenes, es decir, transfigurar los versos en planos. La aventura estética de Fontán consiste en mostrar lo poético y dejar de nombrarlo. Su película es un viaje perceptivo precedido de la palabra de Ortiz, aunque ésta está prácticamente ausente, excepto por dos placas con fragmentos de poesía y la voz de Juanele recitando un poema en el epílogo.

“Acaso la revolución consista en lo que el hombre por siglos ha estado postergando: la necesidad del verdadero descanso, el que permite ver cómo crecen, día a día, las florcitas salvajes”. Éste es el punto de partida, sentencia engañosamente candorosa, y que Fontán habrá de materializar plano tras plano hasta el final. En efecto, se trata de purgar la mirada de la saturación indiscreta de lo audiovisual masivo y publicitario que no permite ver. Así, la cámara de Fontán deviene en un préstamo de ojos, con los que se habrá de ver un mundo, el nuestro, el de Juanele, uno poblado por gatos, hojas, tormentas, lluvias, ríos, cielos, hombres que pescan y navegan con sus botes en la bruma, pero vistos como si éstos estuviesen brotando desde las rimas de Ortiz.

En un contexto en el que el cine narrativo domina y subyuga, la apuesta por un cine concebido como una experiencia sensorial y poética conlleva un gesto de desobediencia bienvenida. No son muchos los partisanos de un cine poético. Kiarostami en Cinco, Sokurov en Madre e hijo han demostrado que el cine puede intentar registrar el acontecimiento, el mundo en su devenir, sin el capricho tan humano de imponer un relato allí en donde sólo hay instantes salvajes despojados del orden del discurso.

Aquí, Fontán opta por un paulatino extrañamiento del registro: planos medios y generales de la naturaleza van perdiendo su nitidez a través de una doble operación formal: primero, el desenfoque: las formas de la naturaleza pierden sus contornos; después, los fundidos encadenados: las imágenes se yuxtaponen, procedimiento que llega a ser sublime cuando el cielo se refleja en el río y la sobreimposición de planos transforma la naturaleza en arte.
El filósofo Oscar del Barco ha sugerido que la poesía de Juanele es una teofanía real, y Fontán así parece percibir el encuentro del lenguaje poético con el mundo. El Litoral es Juanele, el río es él. Nadarlo es casi un imperativo fisiológico.

NOTA: Esta crítica fue publicada por el diario La Voz del Interior de la provincia de Córdoba.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Se repone La orilla en el Tita...


A la novedad publicada hace un par de días, se suma otra. "La orilla..." vuelve!.

Estará en el Tita Merello -Suipacha 442, Capital- los días 8, 9 y 10 de septiembre, y luego una semana completa, entre el 11 y el 17 de septiembre.

Para los que no la alcanzaron a ver, y para quienes gusten una segunda vuelta... Están todos invitados! Nos vemos...

Gustavo

sábado, 30 de agosto de 2008

La orilla en Córdoba

Con motivo de la recordación del trigésimo aniversario de la muerte de Juanele, "La orilla que se abisma" será presentada en la provincia de Córdoba.

A continuación, detallamos el cronograma de acciones previstas y lugares de realización.

Día 2/9: 20,30 horas:

- Lectura de poemas y análisis de la obra de Juan L.Ortiz, a cargo de Carlos Surghi, Gaby Milone y JJG

- Proyección del documental "La intemperie sin fin", de Juan J. Gorasurreta

En el Teatro LA LUNA, Pje. Escutti esq. Fructuoso Rivera. B°.Guemes. Con entrada libre y gratuita.

Días 03 a 06/9:

- Proyección del filme "La orilla que se abisma".

En Espacio INCAA, Km. 700. Av. Ricchieri esq. Concepción Arenal. 20,00 horas.

Día 5/9:

- Gustavo Fontán se presentará en Córdoba acompañando la película. 20,00 horas.

Día 6/9:

- Análisis del filme y comentarios a cargo de Silvio Mattonmi y Oscar del Barco

- Proyección del filme de Fontán.

En CineClub LA LINTERNA MAGICA. Centro Cultural Cooperativo Casa AZUL. Salta 55 (a50 metros de la terminal de ónmibus). Río Ceballos.

Días 10 a 13/9:

- Proyección de "La orilla...". EspacioINCAA Km. 700. Av. Ricchieri esq. Concepción Arenal. 18,00 horas.

sábado, 23 de agosto de 2008

Detrás de la cámara...

En este post elegí publicar una pequeña carta de mi amigo Luis Cámara, el director de fotografía de La orilla que se abisma. Él estuvo presente en una proyección del filme en la ciudad de Oberá , y me pareció interesante mostrar su impresión de aquella experiencia. Nos vemos pronto...

Gustavo

"Hola, Gustavo, quiero contarte algunas impresiones. En principio, por ser entrerriano y más precisamente nativo de Paraná, te cuento que estaba muy ansioso y expectante por el estreno ya que no sólo era la primera vez que se exhibía en una sala cinematográfica una película donde había trabajado sino que allí, seguramente, se encontrarían espectadores que habían conocido a Juan, habían sido su amigos y lectores, por lo que estar frente a ellos con nuestra película era todo un desafío.


Luego de la proyección y al escuchar los comentarios me emocionó mucho que gente de mi ciudad y personas tan cercanas a Juan hayan sentido lo mismo que sentí y sentimos al hacer la película. Recorrer junto a ellos la poesía de Juan a través del río audiovisual que es La Orilla. Esto también sucedió en Santa Fe y ya, luego de compartir tres estrenos de La orilla,en Paraná, Santa Fe y Oberá, me pone contento que la película además de llegar a la gente sólo con lo escencial del cine sea una invitación a la lectura de Juan como nos siguen diciendo muchos que ven la película. Bueno, te mando un fuerte abrazo."

Luis

martes, 22 de julio de 2008

A Locarno, por partida doble

Hace unos días, llegó a la productora la confirmación de nuestra participación en el Festival Internacional de Cine de Locarno. Y es difícil describir lo que experimentamos en ese momento quienes estábamos allí...

Los que hacemos y sentimos el cine, sabemos que Locarno es un evento esencial en nuestras vidas. Se trata de uno de los más prestigiosos festivales, con una extendida trayectoria que data de 1946. El haber sido elegidos, era en sí un galardón.

No obstante, la alegría fue en aumento en la medida que leíamos -traductor de por medio-, la invitación de los organizadores suizos...

No solamente se nos notificaba que "La orilla que se abisma" había sido seleccionada para competir en la sección "Filmmakers of the Present" de la 61 edición del festival, sino también que "El árbol" contaba con su lugar en otra sección, denominada "Open doors".

En nombre del grupo del que formo parte como director, quiero agradecer a quienes hicieron posible que ambos filmes hayan llegado a este lugar.

Me refiero al público que nos ha acompañado, primero con El árbol y luego con La orilla que se abisma; a la crítica, que ha sido tan elogiosa y tolerante, y al INCAA, que cumple con su rol de embajador internacional y nos permite seguir construyendo cine.

El Festival de Lovarno se desarrollará durante agosto, entre el 6 y el 16.

Esperamos ansiosos un lugar en la competencia, y volver a encontrarnos pronto a través del Blog con una excelente noticia.

Gustavo

martes, 15 de julio de 2008

Las huellas de lo real

Durante la preparación y realización de Marechal o la batalla de los Ángeles comencé a pensar en un tema que orientaría las búsquedas de ésta y de las películas siguientes.

Había una operación en la obra de Marechal que me intrigaba: las formas de insersión de lo real en el dispositivo ficcional. Hablo, en principio, de cuestiones elementales de lo real: nombres de ciudades, calles, bares, personas. Me interesaba la tensión que esta operación provocaba y la expresividad que surgía de esa intersección.

Fue, para mí, el comienzo de una reflexión sobre las huellas de lo real en la imagen cinematográfica.

Quizás, el primer aspecto de esta reflexión está ligada a los espacios. En 2000, María de los Ängeles Marechal me invitó a hacer un viaje a Maipú, ciudad de la que hay numerosas referencias en la obra de su padre. El viaje lo haríamos junto a un grupo de estudiosos como cierre de las jornadas marechaleanas. Allí fuimos.

Esto es lo que anoté en mi libreta sobre ese viaje: “La cuestión es así: de pronto, los veinte tipos nos encontramos recorriendo Maipú en un viejo micro de la municipalidad. Paramos en una esquina. María de los Ángeles nos señala un sitio donde hay una construcción relativamente nueva. Nos pide que miremos por detrás de la casa: se ve, recortada, una porción de una pared de ladrillos. Nos dice: “es una pared de la Casa de la Loma”. Eso es lo que vemos: un fragmento de pared, algunos ladrillos, la huella de una casa en una loma que ya no existe. Es decir: veinte tipos, a través de la ventanilla del colectivo, miramos una ausencia.”

A la hora de pensar en los espacios para el rodaje, un hallazgo nos alegró. Existía el Izmir. El café que estaba cerrado porque pronto lo echarían abajo, aún conservaba parte de su mobiliario: mesas, sillas, vajilla... Fue como abrir un viejo mundo, un túnel entre dos tiempos.
Me pregunté: ¿Cómo hacer para que la filmación del Izmir no sea un mero registro? ¿Cómo hacer para que lo real aporte fragmentos, piezas, sonidos, para una nueva construcción?

Seguí pensando: Si este espacio es depositario de lo vivido... ¡Hay que dejarlo hablar!.

Sinceramente, no sé si lo conseguí del todo con el Izmir. Mi pensamiento era incipiente. Pero hay hechos que profundizaron la reflexión. Rescato un nuevo fragmento de mi libreta: "Estamos filmando en el Izmir. Esta mañana nos toca la escena del banquete. De pronto entra un hombre al bar, tendrá unos noventa años. Nos pregunta qué hacemos y le contamos. Nos dice que es hijo del primer dueño del Izmir. Casi llorando, nos señala el lugar donde su padre cocinaba pescado. Después, naturalmente, rompe las fronteras entre ficción y realidad, se sienta en la mesa del banquete y se pone a cantar”.

En las películas siguientes avancé sobre estas preocupaciones. Desde entonces, rodar, para mí, tiene que ver con un cruce entre el plan y el encuentro. La película debe ser el resultado de una inscripción de lo real en el dispositivo ficcional. Con ese criterio, fuimos a Maimará, a la casa natal de Jorge Calvetti, mientras rodábamos El paisaje invisible. Después, me interné en la casa de mis padres, mi casa natal, para filmar El árbol. Por último, recorrimos con esta intención los sitios habitados por Juan L. Ortiz para realizar La orilla que se abisma.

El rodaje no es la mera reconstrucción de lo planificado. Desde una firme intención inicial nos disponemos a descubrir. Siempre son cosas simples: el modo como la luz toca los muebles o los rostros, las texturas de las paredes, los movimientos de los cuerpos, el encanto de la voz o del silencio.

Para seguir pensando en los pasadizos entre realidad y ficción, quisiera rescatar todavía un fragmento de mi libreta: “Estoy en el INCAA esperando para una reunión. Una secretaria ( digamos L., de unos sesenta años) me llama:

- Gustavo, sé que hiciste una película sobre Marechal.

Le contesto que sí y que estamos por estrenarla.

- No sé si te acordás de un bar que se menciona en el Adán: el Izmir.

Le contesto que no sólo me acuerdo sino que toda la película fue filmada ahí. L. se sorprende y me dice que su abuelo fue el fundador.

Le cuento, entonces, del hombre que apareció mientras rodábamos el banquete.
-Es mi padre, seguro que es mi padre.

Tengo algunas fotos entre mis cosas; busco una de la escena del banquete. Desgraciadamente, la foto está encuadrada de tal modo que el hombre, el supuesto padre de L., no aparece. Me acuerdo de pronto y le cuento que se puso a cantar.

- Seguro, seguro que es mi papá.

Le regalo la foto y la pone debajo del vidrio de su escritorio.

Al día siguiente, L. me llama por teléfono:

-Gustavo, no dormí en toda la noche. Quiero pedirte un favor: ¿me dejarías ver la película? Hace diez años que no veo a mi padre.”

Para cerrar, un último dato: Si alguien se acercara hoy a la calle Gurruchaga , para ver el café Izmir, observará, como nosotros en aquel viaje a Maipú, una ausencia.

Gustavo Fontán

Texto leído por Gustavo Fontán en la Peña Literaria 'Trenti Rocamora'